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AÑO 7 - 2026

Selección de poemas Milagros Abalo Cea

Milagros Abalo Cea (Santiago de Chile, 1982). Escritora, editora y profesora. Ha publicado los siguientes libros: La normalidad de una familia (Las Cortaderas libros, 2012), Esto es (Hueders, 2016), Hábitat (Hueders, 2018), Una luz sin borde (Mundana, 2021), Apariciones (Hueders, 2023) y Niña (2025, FCE). Colabora como columnista en Revista Santiago. Está cursando un Doctorado en Filosofía y Estética por la Universidad de Chile.


Libros de poesía:
La normalidad de una familia (Editorial Las Cortaderas, 2012)
Esto es (Editorial Hueders, 2016)
Hábitat (Editorial Hueders, 2018)
Inédito


QUEDARNOS ASÍ (de La normalidad de una familia, 2012)

Pienso en los restos de una fiesta familiar
en invitados que prometieron volver
después del verano, la manguera dejada
en el pasto, el cielo antes de la lluvia.
Tráiganme un pedazo de vida.
Veo entrar el año y mi desgracia con pasos
de perros que llevan el nombre de mis hermanos.
Soy una cara que ya no concuerda
una muchedumbre en mi cabeza
una televisión por siempre mirada.
Tráiganme un pedazo de vida y no veré
en mi jardín bandadas de pájaros muertos.
En la quietud de agosto el pronóstico del tiempo
anticipa inundaciones que ya han venido para mí.
Y se queman las hojas del naranjo
que mi padre plantó en una esquina
se queman y caen como aliviadas de caer.
Ojalá tenga que irme de este campo solitario
la mañana exactamente igual que la tarde, la noche
a pocos meses estaré paralizada.
Tráiganme un pedazo de vida y no me haré daño recordando.
Muchas cosas lindas pasaron en esta casa
ahora llevo la mirada hacia dentro y para fin de año
la enfermera habrá quemado mis ropas
cubierto los muebles.
Al otro lado de la puerta alguien viene
a secar este frío sudor, y por un momento
–ojalá quedarnos así para siempre–
dejo de estar obligada a mirarme los pies.

MIS OJOS FUERON LA OSCURIDAD (de Esto es, 2016)

Todo fue oscuridad
el pasillo fue oscuridad
la pieza fue oscuridad
la cocina, la casa de repente
fue oscuridad
y yo tanteando con los dedos
como una polilla con sus alas
a la luz
para salir, pero al salir
mis ojos fueron la oscuridad.

CORONA DEL POETA (de Habitat, 2018)

¿Despertaste otra vez?
Sólo estaba con los ojos cerrados
escuchando
en la grieta del árbol recién cortado
el tejido de la araña
el chuzo del vecino a tierra
la quema de maleza
al sol estaba escuchando porque he vivido en él
cuando cayeron mis brazos
en su peso de mil hormigas
casi tocando los zapatos.
Al principio pensé que dormía
no saben los muertos que han muerto
hasta que despiertan
y deben limpiar la tierra de sus cuerpos.
¿Despertaste otra vez?
Sólo estaba con los ojos cerrados
escuchando
a las ovejas que llevan cuatro días
en los peñascos del cerro
donde crece la corona del poeta
gritar un celo de palabras
que salvo el tiempo
nadie entiende.

OASIS (de Habitat, 2018)

Florece. A pesar del barro
de la basura que nos rodea
y dejan a diario en las puertas
de este remoto lugar. Acostúmbrate
al pasto seco. No te amilanes
no escuches a los que usan
con incondicional frecuencia
la palabra deber. Eres joven
tus ojos no se han ensombrecido
de tanto animal muerto.
Llénate de junquillos, colas de zorro
chilcas que traerán el canto de las aves
aunque vengan sólo de paso. Florece
y al florecer recuérdales algo a los que te escuchan.

ESPINO (de Habitat, 2018)

Habla de nosotros espino
de nuestra madeja en delirio de cuerpos
de nuestro grito antes de nacer
habla de ese grito
y del miedo a la noche.
Esqueleto en riguroso silencio
de mujer, de hombre o de niño.
Habla de nosotros
de los amores que se enredan
trajinándose en sus espinas blancas
o de los amores que brotan
cuando creemos que están secos
pequeñas granadas verdes
en un octubre de estambres amarillos.
Habla de nosotros espino
di
cuántos latidos escuchas
en el corazón de un hombre
oscuro y transparente
como tus ramas de nidos sin pájaros.
No olvides decir
que la baya es una canoa a río abierta
una casa
donde duermen en su funda de blanco terciopelo
semillas como fetos.

INÉDITO

Preguntas cómo empezó el año
digamos que
he tenido comienzos mejores
con decirte que hasta choqué
no puse reversa y nos fuimos
derechito – cerro abajo
un ruido en la dirección nos jodió
la tarde de Numancia
digamos para el caso que sobrevivir
es un arte que cansa y aburre
una gimnasia del asma llena de baches
pero durmiendo se recupera algo
un sueño que nadie recuerda
y quizás de a poco remonte los remos
para llegar a fin de mes.

CRUZ DEL SUR

Busco a los míos, en alguna parte
restos
en esa inmensidad bajo las estrellas
se apaga un nombre
un tajo se abre en otra carne
tú que pudiste enterrar a tus muertos
dices que eso pasó hace tanto
he soñado que vuelve a pasar
los he visto otra vez
he removido las astillas de la tierra con mis dedos
para encontrar un pie, un diente, algo
recordé cuando teníamos siete y nada se acababa
tú que pudiste enterrar a tus muertos
y tus muertos fueron tumbas
fueron flores
dices eso pasó hace tanto
a los míos los tiraron al mar
y en complicidad el mar nunca los devolvió
cuántos secretos guarda el mar
cuántos el desierto
cuántos huesos sin nombre ahí
donde las estrellas se tocan con la mano
sabías que las estrellas mueren
para dar espacio a otras y son las únicas
que miran en el brillo de la noche
vuelvo con la cabeza hundida en la arena
en lo blanco
como un muelle podrido a nadie le pertenezco
el día entero pasa
el viento de la mañana barre con el presente y su semilla

y tú
tú que pudiste
devolverlos a la tierra
o en cenizas al aire
dices
para qué seguir
para qué los huesos
para seguir
queremos huesos.

EL PESO

A veces nadamos en círculos, una y otra vez
damos vueltas en las mismas aguas
es la gente la que cambia
nuestro movimiento sigue siendo el mismo
braceo interminable de un cuerpo que se repite
salvo en el placer
salvo en el dolor
cada gota que cae es la réplica de una nueva sacudida
en nuestra delicada telaraña de órganos y tejidos.
Seguimos y luego de hacernos un espacio en lo cercado
salimos del agua un día y vemos que nuestro cuerpo
se ha adelgazado igual a un río que pierde su cauce
se alarga en la imagen de una sombra frente al espejo
quién soy ahora, preguntas, es mío ese reflejo
de quién este sexo empalidecido.
Tomamos entonces nuestras maletas
metemos en ellas y en bolsos arrumbados en el pasillo
las ropas que nos ha prestado la vida, y desnudos
como llegamos partimos a ese viaje de escaleras
que suben, de curvas que a lo desconocido bajan.

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