Entrevista a Sergio Madrid Sielfeld

Entrevista de Juan Pablo Leppe a Sergio Madrid Sielfeld.
Cuéntanos un poco de la poesía que se ha escrito en Viña y sus alrededores las últimas décadas. Qué la distingue o diferencia, en tu opinión, de otras escrituras.
Me gusta pensar que la patrona involuntaria de la poesía viñamarina es Teresa Wilms Montt, con todo su abolengo, su belleza y su encanto aristocrático, y su desgracia, naturalmente, su mito, que siempre está ahí para desmitificarse, y su emigración. Mantengo esa idea, probablemente infundada históricamente, de que la poesía de Viña del Mar se parece un poco a su historia de balneario caprichoso al que incluso en plena crisis del 29’ Ibáñez del Campo le inyectaba dinero. Asimismo el viñamarino suele irse de la ciudad por trabajo o incluso en la prosecución de estudios. Supongo que la poesía de Viña ha tenido el desarraigo ideológico suficiente como para coquetear cómodamente con la vanguardia y el cosmopolitismo. No se siente en el aire ese localismo tan propio de Valparaíso por ejemplo. Es por supuesto sólo una impresión.
¿Crees que se pueda hablar con propiedad de una tradición poética específica?
Se puede, claro, pero no siempre es interesante. El interés por la tradición suele ser demasiado académico (aunque no siempre), es decir, rara vez responde a una manera de vivir poéticamente, a un alimento vital, prevaleciendo en ella más bien un entramado de patrones que difícilmente invitan a ser vividos en el aquí y el ahora. El artista funda o no una tradición, pero su juego vital es más radical que un propósito de esa naturaleza. Cuando afirmo que es más radical, me refiero a que un artista auténtico no vive, al menos no espiritualmente, bajo el cómodo amparo de una tradición. Si se alimenta de ella, como a menudo lo hace, es por medio de la boca del monstruo de la crítica, la transgresión y el inconformismo.
Qué te parecen la experimentación formal y las reminiscencias vanguardistas a estas alturas.
El único modo de practicar la poesía sin que se le reduzca a pura literatura es por medio de la experimentación. Experimentar supone salir de un ámbito para ir al encuentro de otro, a riesgo de no encontrar nada. Pero hoy en día experimentar no es necesariamente un gesto de vanguardia, sino de exploración. Por ejemplo, hoy se podría resucitar el soneto o cualquier otra forma tradicional, pero habría que agredir, tensionar, esas formas que, de lo contrario, se sienten vacías, presas de la literatura. La poesía contemporánea no se siente bien en esos ámbitos.
Por otra parte, me cuesta imaginar una poesía moderna sin reminiscencias vanguardistas. Las vanguardias fueron un fenómeno que pese a su supuesto fracaso histórico, instalaron en la historia humana la sed de realización de la poesía en la vida. Sin esa sed sólo queda literatura.
Qué se te viene a la cabeza si te hablan del verso libre.
Puede que peque de obvio, pero ese término siempre me ha sugerido libertad de las formas y de la vida, una libertad que facilita la expresión de la emoción moderna, una sonoridad más afín a nuestra época. Ya no se puede entender el verso libre como excepción de la tradición métrica, sino como normativo respecto de formas tradicionales que o se reutilizan como recurso expresivo o se sienten con olor a fiambre. Lo interesante del verso libre es que pone como centro estructural justamente el verso por sobre los patrones de la medida, el acento rítmico, la rima o la estrofa, es decir, explora la prosodia de un modo extremo y diverso, liberando a la imagen de patrones que no requiere, y puede llegar a convertirse en una mejor representación del inconsciente del universo y lo desconocido. Dicho heurísticamente: el verso libre es liberador.
¿Crees que el lenguaje poético sigue estando vigente?
En nuestro tiempo, el lenguaje poético está vigente, claro, aunque supongo que de un modo distinto a como lo estuvo en otra época. La poesía, como género, perdió casi por completo el bastión de la utilidad: ya no se usa para conquistar chicas, ni para entretener las tardes de ocio ni para sobrellevar la sobremesa, ni para esquelas de efemérides. Se puede observar que con toda seguridad le queda muy lejos a la sensibilidad general de la gente. Todo eso fue cedido a la canción. Ya nadie sabe un poema de memoria, nadie opina en la micro si le gusta más este poeta que otro… Ese tipo de actividad hoy está regida por la canción popular. Por lo tanto, su vigencia es otra, más secreta si se quiere, pero también más real, a la espera de quien busque beber del manantial de la realidad y no un objeto de consumo. Hasta ahora al menos ha sido irreductible ante el poderío del mercado y la falsificación que conlleva.
Háblanos un poco, Sergio, de tu más reciente poemario y de tus proyectos escriturales.
Saldo y Esplendor (2025) está conformado por textos anteriores a mi penúltimo libro, El amor y El Basurero (2024). Este último título es una cita del “Formulario para un nuevo urbanismo” de Gilles Ivain, en el primer número de la Internacional Situacionista, que dice literalmente: “Entre el amor y el basurero automático la juventud de todo el mundo ha hecho su elección y prefiere el basurero.” Esa afirmación me parece muy actual a pesar de haber sido formulada en los años cincuenta. Entrar en ello sería extenso. Baste decir que esa imagen me pareció convocante para los poemas que conforman el libro. En Saldo… en cambio, entro de lleno en problemáticas emocionales que se desplazan hacia el sentimiento de la paternidad. No podría decir que el libro se reduce a eso, pero sí que esa es finalmente su singularidad. Se podría leer como poesía de la experiencia, a veces confesional, a veces discursiva, aunque el gran derrotero, en última instancia, es la poesía misma. Con posterioridad he escrito algo más y me he introducido en el mecanismo de los catasterismos… Habría mucho que conversar sobre estas cosas pero preferiría conversarlas con alguien que hubiese leído los libros mencionados y me pusiera en jaque con sus inquietudes. Eso tendría sentido. En cuanto al otro extremo de la pregunta, sólo decir que la palabra proyecto, aunque es de uso común en el terreno del arte, no explica lo que uno hace, a menos, claro, que alguien tenga la convicción de que la vida es un proyecto. En mi sensibilidad, la poesía, por así decirlo, acontece en conjunto con la vida, se modelan la una con la otra. Hay algo que está o no aconteciendo como escritura y nunca sé de verdad hacia dónde va. Es algo así como una exploración, una navegación. Si la palabra poesía se usara mágicamente, haría del mundo un océano, es decir, un espacio líquido, como seguramente lo hace en algún nivel de la mente.
Qué le dirías hoy a un poeta joven.
Lo principal es vivir de un modo desenfadado, con coraje, no elegir el basurero. Lo demás es literatura.
