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AÑO 7 - 2026

Poemas de Marina Tapia

Marina Tapia (Valparaíso, Chile. 1975). Poeta, artista plástica y divulgadora cultural. Desde el año 2000 reside en España y desde el 2013 en Granada.

Ha publicado los libros 50 Mujeres desnudas (Amargord), El relámpago en la habitación (Nazarí), Marjales de interior (Aguaclara), Jardín imposible (Ayto. de Baena), El deleite (Ayto. Vélez Málaga), Corteza (El Envés), Un kilim de palabras (El sastre de Apollinaire), Bosque y silencio (Ayto. Aguilar de Campoo), Islario (Amargord), Piedra que mengua (Ayto. de Lodosa), Mixtura. Antología personal (Averso) y Nômade (Entorno Gráfico). Ha coordinado El pájaro azul. Homenaje a Rubén Darío (Artificios). Sus poemas han sido incluidos en una treintena de antologías.

Entre sus premios destacan: Voces Nuevas de la editorial Torremozas; Arte Joven La Latina de la Comunidad de Madrid; Paco Mollá ; Ciudad de Baena; Joaquín Lobato; Águila de Poesía; 8 de marzo por la Igualdad de La Zubia (en la categoría Cultura); Residencia Literaria en Óbidos, Portugal, Granada Ciudad de Literatura Unesco y Ángel Martínez Baigorri .

Ha coordinado Compartir poesía de la Fundación Entredós de Madrid. Actualmente imparte talleres literarios para diversos Ayuntamientos.

Pertenece al Institutum Pataphysicum Granatensis, a la Ronda Andaluza del Libro, a la Asociación de mujeres poetas Genialogías y a Poetas por el Clima.

Ha colaborado en las revistas Duoda, Asparkía, Crítica, Toümai, Azahar, Voces Literarias, Luces y Sombras, Blanco Móvil, Ventana Latina, El Erizo Abierto, Wadi-as, Nayagua y en el Boletín del Centro Artístico de Granada, entre otras. 

Actualmente escribe reseñas y artículos para CaoCultura, Culturamas, Horizonte GarnataMoonMagacine. Es colaboradora adjunta del programa Granada Ciudad de Literatura Unesco.


DICTADURA (Del libro «Corteza»)

Aunque en tu territorio pronunciase
mis primeras palabras,

no me has parido.


Con un canto marcial nos arrullabas,
con rezos sin altura
y rondas en el patio de los miedos.


Me fugo del rencor que apacentaste,
del labio que no puede decir melancolía,
del muro levantado entre nosotros.


Hay básculas que pesan un tiempo que no vuelve.
Por eso es que rescato de mi fondo
la luz que sobrevive.


Y nada se parece ahora a la delicia
que es tamizar
el mundo.

REAFIRMACIÓN (Del libro «Corteza»)

Ya no me miro al modo de los hombres,
mis ojos ahora bailan sobre asuntos
tan altos como nimios.
Y el kit de mis sentidos es un compendio
de pura efervescencia.


Si el hábitat es rudo y me da caza,
yo escojo un adjetivo irreductible,
y presta
lo desarmo.


Soy ese continente que se busca,
que sabe deletrearse,
que se nutre
de palabras con rostro
y sentir.


No exprimiré la anécdota de ayer,

no voy a triturar mi biografía,
tan sólo quiero ampliar la voz de un grito,
pesar mi identidad, ser un conducto,
volcán donde resurge inacabable
el magma de la vida.
Acaso doctorarme en los tejados
junto a esa promoción de golondrinas.


Despertad,
despertad,
todo
vibra.

POEMA 12 (Del libro «Piedra que mengua»)
Cordilleras,
salientes emotivas,
locura de racimos para el vuelo.
Sois hálito ascendente,
o dedos de las diosas que, dormidas,
levantan sus pulgares y acarician
la pulpa de las nubes.
Exhausta buscaré vuestros pinares,
la quena de los vientos,
el silencio.


Afán sin dilación.


En vosotras me sé pequeña eternamente,
me nutro de nostalgia,
de vuestra maternal fosforescencia.
Soy esa bestia libre
que nunca ha de cazar la humanidad.


Sueño de piedra que soñamos,
piedras del mundo pastoreadas.


Abecé de mi canto,
que en cada roquedal se enreda.
Moldeadas del color de lo sencillo,
sois mesa de la casa,
sois cama,
sois tejado,
y aquel brazo fantasma que me lleva.


Mis sísmicas amantes,
no me dejéis
sin cuna de la infancia,
sin lápida que bese vuestro suelo.


No hay belleza más alta que los Andes.

No hay aridez más dulce que Atacama.
Y no hay dolor más hondo que Pisagua.

BOCETO SIN MODELO (Del libro «Islario»)

Valparaíso,
encima de esta grieta te recreo;
dibujo una ciudad idéntica a tus brazos,
un triste imaginario
de ritos sin deidad y crónicas borrosas.
Es nítida mi casa por las noches
(porque tu forma pierde los contornos),
es cálida en verano
(este calor del norte
sofoca los esbozos de mi marcha).


Como los cristaleros,
me alejo para ver si quedan huellas.


Regálame retratos de ti para encontrarme,
para saber que es nítido el ahora.


Yo quiero derrotar a la nostalgia,
a todos sus secuaces.


Es ciega esta plumilla que te busca,
olvida los olores, los matices,
la luz
que dibujaba tu perfil.

SONETO 1 (Del libro «Nómade»)
Este afán de vagar, este buscarse
en cada pueblo nuevo que recorro,
este ir y venir sin el socorro
de la quietud que ansía serenarse.


Este quererlo todo y nunca hallarse,
porque se siente el mundo como un corro.
Enciendo una ilusión que luego borro.
Mi miedo es la condena de secarse.


Este espíritu inquieto y anhelante
quizás fue concebido en la porfía
de mis antepasados vagabundos.


Fui nómada, lo sé, una emigrante
que recorrió la tierras que intuía
para volver a ser en otros mundos.

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