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AÑO 7 - 2026

ENTREVISTA A DAMARIS CALDERÓN CAMPOS

Damaris Calderón Campos, La Habana, Cuba (1967). Es escritora, docente y artista visual. Licenciada en letras por la Universidad de La Habana, y Magíster por la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación (UMCE). Ha publicado más de 15 libros de poesía. Entre ellos: Sílabas. Ecce Homo (Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 2000), Parloteo de sombra (Vigía, Matanzas, Cuba, 2004), Ediciones Lom, Santiago de Chile, Los amores del mal (El Billar de Lucrecia, México, 2006, 2da edición Mago editores, Santiago de Chile). El arte de aprender a despedirse, Ediciones Matanzas, Cuba, El remoto país imposible (Coedición ediciones Fuga y Las Dos Fridas, Santiago de Chile), 2da edición Ediciones Matanzas, Parloteo de Sombra y Las Pulsaciones de la derrota, por Lom ediciones, Santiago de Chile. Su obra aparece recogida en las antologías personales La soñante (Efory Atocha Ediciones, Madrid, 2014), El infierno otra vez (ediciones Unión, La Habana, Cuba) y Mi cabeza está en otra parte (editorial Alquimia, Chile), así como en numerosas antologías de poesía latinoamericana contemporánea. Su obra ha sido traducida a diversas lenguas como el francés, el inglés, el portugués, el holandés, el alemán, el griego y el servocroata. En 2011 obtuvo la beca Simon Guggenheim, en poesía y en 2014, le fue otorgado en Chile el Premio Altazor a las Artes, en el género de poesía, y el Premio a la Mejor Obra Publicada por el Consejo Nacional del Libro y la Lectura de Chile. En 2019 recibió el Premio Pablo Neruda a la trayectoria, por la Fundación Neruda, Santiago de Chile. Reside en Chile desde el año 1995.


¿Cuéntanos, Damaris, de tus años formativos en Cuba?

Me preguntas por mis años formativos en Cuba y pienso en una vida, mi vida, más allá de un segmento de tiempo dejado atrás. Pienso en mis abuelos Manuel y mi tía Nerita, decimistas, pienso en mi madre, Raquel, que también hacía décimas, pienso en dos abuelas, una que me tomó de la mano para llevarme a mi primer taller literario y otra, que, para leer, tenía que esconderse en un cuarto de desahogo con un pomo lleno de cocuyos. Pienso en amigos, olores, sabores, atmósferas, vivencias, todo eso que te va formando y deformando. De estudios regulares: me gradué de filología en la Universidad de La Habana con especialidad en literatura cubana, trabajé en Casas de Cultura, en emisoras de radio, hice talleres literarios, fui desempleada, leí y escribí muchísimo y aunque descreo de generaciones, tuve compañeros de rutas, pares, entre los poetas, escritores y artistas de los años 80 en Cuba, pero mi diálogo con Cuba y algunos de sus autores más recientes se extiende hasta hoy. Siempre me está formando Cuba, apelándome, haciéndome escribir el último poema. Mi libro más reciente publicado, «La res a trozos trazo», parte con un poema visual que se llama » Cuba: la res sacrificial».

¿Qué viste en Chile cuando llegaste? Me imagino que no debe haber sido fácil abrirse paso.

A Chile lo conocía desde Cuba por sus poetas: Gabriela Mistral, Violeta Parra, Neruda, Pablo de Rokha, Linh, Gonzalo Rojas, publicados por Casa de las Américas, y tenía referencias del país también por Allende. Cuando llegué a Chile, en el año 1995, me encuentro con un país que difiere bastante del literario, de la imagen de » Chile, país de poetas», donde resulta difícil abrirse paso hasta hoy. Pero me fui encontrando con toda una literatura y pintura producida también en esos años que resulta muy interesante y nutricia, hago amigos entre los poetas chilenos de los 80 y más jóvenes y comienzo a leer a Chile también en sus autores y pintores de periodos históricos anteriores y comienzo a recorrer sus calles, sus rincones, sus paisajes y gentes y a comprender un poco, creo, el inconcluso, arduo y desafiante Poema de Chile, hecho de todos sus pedazos.

¿Cómo surgió la editorial Las Dos Fridas? ¿Sigue viva?

La editorial Las Dos Fridas es un sello que sacamos con la poeta María Elena Hernández, en la década de los 90 acá en Chile (no existían entonces las editoriales independientes, ni siquiera existía Lom, estaba solo Cuarto Propio). En ese sello dimos a conocer la primera edición de La Poesía Temprana de Ezra Pound, en traducción de Armando Roa Vial, publicamos una antología de Ritsos en traducción de Miguel Castillo Didier, dimos a conocer la primera edición de Otro cuento de pájaros, de Soledad Fariña y Lamentaciones, gemidos y ayes, de Mirka Arriagada, entre otros autores. El sello funciona, está vivo hasta hoy. Mi libro ‘La res a trozos trazo» acaba de ser coeditado por Ediciones Una temporada en Isla Negra y Dos Fridas.

Pasando a tus influencias ¿Qué hay en la poesía de Safo que no habría en la poesía actual o más reciente (pese a habernos llegado más que nada como fragmentos)?


Por la manera de formular la pregunta asumo que das a Safo como una de mis influencias. Como bien dices, lo que nos llega de Safo son traducciones y fragmentos y erratas y trasvasijes y reescrituras. Ahora, su voz fue tan personal y poderosa, que aún, con todas las poco idóneas condiciones en que nos fue transmitida, atraviesa civilizaciones, enseña a los hombres (toda la poesía lírica elegíaca latina) como escribir poemas de amor y esos destellos poéticos de sus fragmentos llegan hasta hoy. Nos habló de las flotas de guerra, que siguen hasta hoy día, pero también, escribió, lo más bello de todas las cosas es el rostro que uno ama», ese, ante el que palidecen las flotas de guerra.

¿Tienes un «arte poética» o hay alguna que te guste especialmente?

No, no tengo un arte poética, la considero restrictiva. Soy un animal omnívoro y me gusta devorar y ser devorada por todas las prácticas, de ser posible.

¿Qué tal ha sido tu experiencia dando talleres?

Acá en Chile pude compartir por años la docencia con la escritura y también realizar talleres literarios hasta la fecha. Ha sido y es muy fructífero y gratificante, porque el énfasis siempre está puesto en la creación y esta como un proceso y no solo como algo personal, aislado, sino inserto en un contexto mayor, histórico, literario, político, social. Leemos a otros autores, estimulamos la creación personal y tratamos de continuar ese diálogo mayor con la cultura en todas sus formas de expresión. Trato también de que el espacio del taller sea algo fruitivo, disfrutable e insisto y sugiero siempre que la poesía, como otra forma de pensamiento, no debe ser sedentaria, sino caminada y compartida.

¿Tienes alguna práctica para convocar a las musas?

No, no tengo una práctica para convocar a las musas. Aspiro a vivir mi dura prosa cotidiana poéticamente. Todo para el poema (la vida). Transmutar, me digo a mí misma: mi tambor.

Santiago, septiembre 2026

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