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AÑO 7 - 2026

ENTREVISTA AL ESCRITOR CHILENO CARLOS COCIÑA GALLARDO

¿Inscribirías tu poesía en alguna tradición poética?

Una tradición poética es captada en el tiempo y espacio en que la lectura y la literatura comienzan a interesar a la persona. En este caso es a fines de la década de 1960, en la ciudad de Concepción. El primer atisbo, y definitivo, de interés por leer poesía fue Poemas y Antipoemas de Nicanor Parra, y luego Altazor de Huidobro. Entiendo que el quiebre de lo habitual en un tiempo es una marca, pero lo que despierta la atención es la incorporación de códigos ya presentes en la percepción, y que se manifiestan en la lengua. Trilce de Vallejo hace ineludible dedicarse a escribir, pues si eso es posible, hay otros posibles.

¿Ves alguna relación con lo que hacían los objetivistas o el movimiento de Black Mountain?

De ambos movimientos tuve conocimiento posteriormente, y puede haber una relación, más con el último por su proyección en los Beats, pero fue más importante el de los concretos brasileños, por la importancia del soporte, la visualidad de la escritura, y el sonido como constante ineludible.

En tu poesía la naturaleza y el paisaje tienen una presencia relevante. ¿Se ha intensificado esa presencia ahora que vives en una zona rural?

El vivir, los últimos años, en un sector semi-rural, reactiva la presencia de la naturaleza y nuestra pertenencia a ella, menos mediada por la cultura urbana. La evidencia de los ciclos naturales, de la preñez de vida, del cambio como condición básica, son constantes y evidentes. La naturaleza está en la escritura desde un comienzo, por su intensidad el entorno del sur, y se ha intensificado en este tiempo.

Por otra parte, alguna vez contabas que los libros de medicina con que estudiaba tu hermano te movieron a escribir, o al menos influyeron en tu estilo. ¿Qué relación tienes hoy con la ciencia y con los cruces literarios que se hacen con ella, como por ejemplo, el trabajo de Benjamín Labatut? ¿Te interesa la divulgación científica?

Hay cierta propensión a entender, de hacer consciente de donde se está, lo que se percibe y como se percibe. Se utilizan modelos, y ello se hace evidente cuando se conocen los trabajos de Francisco Varela (De máquinas y seres vivos, Humberto Maturana y Francisco Varela). La forma de conocer, la mirada, utiliza distintos lenguajes, códigos que ordenan los elementos. Al superponerlos se amplía el espectro, se modifica el sentido. Al combinar la visión de registros como el de la visualidad, las artes visuales, la arquitectura, la biología, las matemáticas, la física, la literatura, y más, con la intuición y lo oral, se producen quiebres en cada modelo, y en ellos se abre una distinta perspectiva. En el caso de las ciencias es llamativo que cada teoría que explica un fenómeno, es superada por una nueva teoría que la modifica, y que postula una más amplia comprensión de la realidad, que siempre es inasible, aunque estamos en ella. Los lenguajes crean realidad en el lenguaje, pero permiten relacionarse con otro.

(Un verdor terrible de Benjamín Labatut es notable)

Alguna vez también te oímos decir que entre autor y lector lo primero que sucede es un encuentro entre lenguajes personales, entre sistemas individuales, subjetivos. ¿Utilizarías inteligencia artificial como herramienta en tu trabajo?

La inteligencia artificial actúa procesando una inmensa cantidad de datos, de archivos, que en el mismo proceso los aumenta exponencialmente. La selección de estos es por la frecuencia de aparición de ellos, por lo tanto, desecha los menos presentes, aquellos fuera de la media. Por lo tanto, lo generado corresponde a una estadística. Como tal es muy eficiente y opera como modelo. Para generar nuevos conocimientos es necesario quebrar los modelos.

Se puede utilizar la Inteligencia Artificial como fuente de información, pero es en el quiebre desde donde aparece algo distinto.

Hace algunos años te vimos con la Orquesta de poetas. ¿Qué relación tienes con la música y qué peso tiene ella en el desarrollo de tu obra?

Nuestro lenguaje es fundamentalmente oral, incluso en la escritura, los elementos mínimos que utilizamos, la letra, no tiene otra significación que un sonido (distinto es el caso de los ideogramas, cuyos significados es múltiple). Por lo tanto, la escritura siempre es sonora. Al leer imaginamos sonidos, cuya combinación producen una imagen, que entendemos como concepto y sensación.

Proyectos.

El escribir es constante, y los propios escritos, en un determinado momento, comienzan a configurarse con cierta unidad de sentidos. Esta escritura no tiene un propósito predeterminado, sino que responde a impulsos dados por algo que se escucha, lee o percibe. Son capsulas abiertas a otras que están por aparecer u aparecieron. Lo que se escribe ahora aún no se configura.


El silencio impuesto por fallas materiales de transmisión, produce un vuelco en la conexión, que comienza a centrarse en los momentos previos a la misma. Algo antes de las palabras, pero no sin ellas. El tacto, la vista y el olfato conviven entre sonidos que no cuajan. Sucede antes y queda allí. Un vendaval sin aire que mueve hojas transparentes en senderos que no llegan a formarse. Sensación opresiva con causa precisa.

(Inédito, 2026)

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