ENTREVISTA AL ESCRITOR CHILENO JORGE ETCHEVERRY ARCAYA

Jorge Etcheverry Arcaya, nació en Chile el año 1945, y vive en Canadá desde 1975. Doctor en Literatura y traductor.
Pertenece a la generación chilena de poetas de 1960, o de la “dolorosa diáspora”.
Fue parte del grupo vanguardista La Escuela de Santiago y del grupo América.
Ha publicado poesía, prosa, crítica y artículos varios en diversos países e idiomas. En narrativa destacan su novela de ciencia ficción Los herederos (2018), y Outsiders (2020).
Poemas de su autoría han sido incluidos en numerosas antologías, y entre sus poemarios se cuentan: El evasionista/The Escape Artist, Poems 1968-1980, Ediciones Cordillera, Ottawa, 1981; La Calle, Poemas, Ediciones manierista, Santiago, Chile, 1986; Tánger, Documentas, Santiago de Chile, 1990; Tangiers (versión en inglés), Ottawa, Cordillera, 1997; Vitral con pájaros, Colección Poesía para la libertad, Poetas Antiimperialistas de América, Ottawa, 2002; y Reflexión hacia el sur, Amaranta, Saskatoon, 2004.
Háblanos del descubrimiento de tu vocación literaria.
Tenía como dieciséis años y tomaba un bus todos los días para ir al liceo, bastante seguido había una niña alta, rubia, de ojos grandes, más bien flaquita, la traté de dibujar y le hice un poema bastante malo e ingenuo.
De tus primeros hallazgos y de tu formación sentimental.
La lectura en general y sobre todo a través de la biblioteca de mi abuelo, Issac Leocadio Arcaya, que era masón y participó en su momento en la revolución de Marmaduque Grove, donde junto a los libros de Lenin estaban por ejemplo las obras de Madame Blavatsky, Éliphas Lévi, Paracelso, Nuestros vecinos justicialistas, de Alejandro Magnet, y sobre todo un libro que me impresionó mucho,El rostro verde, de Gustav Meyrink y su colección de cuentos La esfera negra. Mi padrastro, Waldo Urzúa Valenzuela, leía mucho novelas policiales, y ciencia ficción, estaba suscrito a la revista argentina Más allá, que difundía a la ciencia ficción contemporánea sobre todo de EE.UU., pero también argentina. De ahí proviene mi gusto por esa literatura, que practico bastante, aunque solo he publicado una novela policial corta “El diario de Pancracio Fernández”, ganadora del 1º Concurso de Novela Breve del portal Escritores.cl en el año 2000.
Más adelante, como a los veinte años y ya estudiando filosofía, me acuerdo de las lecturas de T.S. Eliot, de Saint John Perse, del Rimbaud de una estadía en el infierno, el barco ebrio, H.P. Lovecraft Ezra Pound, y sus Cantos pisanos, el aullido de Ginsberg, Ferlinguetti, el Conde de Lautreamont, Pablo de Rokha, cierto Neruda, Kafka, un cachito de Hesse, La trilogía “Los caminos de la libertad”, de Sartre, un poco de Gurjieff, y Ouspensky, Heidegger -yo estudiaba filosofía en el Pedagógico de la Chile-, el Tao Te Ching de Jenofonte (La abeja del Ática), por la cosa dialógica.
En tu estilo se percibe una presencia de la antipoesía.
Sí, bastante, aunque solo a partir del libro La Calle (Ediciones Sin Fronteras, 1986), donde la uso a veces como “herramienta política”.
¿Te interesa al igual que a Parra el trabajo con el endecasílabo?
No, nunca le he dado mucha importancia a la métrica.
¿Cómo sientes que ha cambiado tu relación con el «castellano chileno» en estos años? ¿Sientes que hablas un lenguaje congelado en el tiempo? ¿Que en alguna medida se cuelan el inglés y/o el francés en tu uso del castellano?
Por supuesto que he advertido eso, pero por otro lado la vasta presencia chilena de diversas generaciones en Canadá y el contacto permanente a través de los medios sociales, hacen que no tenga muchos problemas, además de que estoy en el comité de dos revistas chilenas, Entre Paréntesis y Off The Record, y publico ahí todos los meses
Cuéntanos de tu paso por la academia. ¿Qué rescatarías de tus estudios de doctorado en literatura?
Básicamente mi trabajo sobre la identidad de Chile, o América Latina y Europa en mi tesis doctoral, un análisis de la trilogía de novelas de Samuel Beckett (Molloy, Malone muere y El innombrable) con la obra de José Donoso, básicamente El obsceno pájaro de la noche). La obra mencionada de Beckett revela a la conciencia como meollo de la identidad monádica occidental, frente a la concepción subyacente de una identidad en ciernes, intercambiable y fluida, un yo “en emergencia” en esa novela de Donoso. En un ensayo “En torno al surrealismo”, postulé una teoría general de la representación, claro que para mí no teoría sino realidad. Mi interés incluso en el surrealismo chileno, que compartía La Escuela de Santiago quedó de manifiesto en «33 nombres claves de la actual poesía chilena», de 1968, selección a cargo de Naín Nómez, Jorge Etcheverry, Erik Martínez y Carlos Zarabia/Julio Piñones.
¿Qué recuerdos conservas de tu trabajo editorial y de la relación con otros poetas chilenos que llegaron en la diáspora a Canadá?
Las circunstancias reunieron en Canadá a tres de los cuatro miembros de la Escuela de Santiago, Nómez, Martínez y yo. También Millán, Urbina y Jofré. Nace Ediciones Cordillera como un esfuerzo de la comunidad chilena de Ottawa, la Asociación de chilenos de Ottawa, también trabajé en su momento con Tito Alvarado y el Taller Sur, Jaime Serey a través de su revista virtual. En su momento y en Cordillera y en otra editorial que fundé con Paulette Turcotte, mi compañera en ese entonces, usando la bibliomancia, nace Split/Quotation, La cita trunca, donde publiqué en su momento, Strange Houses, una antología en inglés de Gonzalo Millán, aparte de otros poetas y autores chilenos como, por ejemplo, Gabriela Etcheverry, Luis Lama, Luciano Díaz, Ramón Sepúlveda y Leandro Urbina (los tres últimos en inglés). Con el poeta Elías Letelier Ruz publiqué Vitral con pájaros, él implementó mi sitio virtual La cita trunca y estuvimos en eventos políticos y culturales aquí en Canadá y en Italia, Francia, Toronto y Chile. Con el poeta Luciano Díaz y otros autores como Arturo Lazo, Ramón Sepúlveda y Erik Martínez implementamos lecturas mensuales en diversos locales en el Taller Cultural El Dorado, donde leyeron autores chilenos e hispanohablantes, pero también de diversos idiomas, así como autores provenientes de otras ciudades o que venían de paso al país. La revista Alter Vox tuvo ediciones periódicas, destaco “Chilean Poetry, Canada Branch, poetas chilenos en Canadá”, número dedicado a Jorge Tellier. Diversas antologías como “Boreal, antología de la poesía latinoamericana en Canadá”, que edité con Luciano Díaz y que publicamos conjuntamente en nuestras dos editoriales en 2002; “Letras de maple, antología de escritura femenina hispanocanadiense”, compilada por Ricardo Camarena Castellanos y publicada en Split/Quotation en 2016; “Borealis, antología literaria de El Dorado”, que editamos con Luciano usando nuestros sellos editoriales en 2011 incluye a autores que habían leído en El Dorado hasta ese entonces. La última edición, para ir a lo básico, fue la reciente “Surinorte, antología de la poesía en español en Canadá”, que hicimos con Luciano y publicamos en nuestros sellos editoriales en 2024. Nótese que ya se abarca a los poetas castellanógrafos en el país sin referencias a origen. Esto desemboca en “Chilean Poets: A New Anthology”, una edición de 250 páginas en inglés que me publicaron en Marick Press en 2011, que incluye entre los autores a bastantes autores chilenos que escribían o escriben en Canadá.
Te mantienes activo desde el norte de América trabajando solo y con otros escritores de origen latinoamericano. ¿Cómo ves el medio literario canadiense?
He trabajado con muchos autores latinoamericanos en Canadá, publicándolos, difundiendo y antologando sus textos, he participado en eventos culturales y políticos, o culturales/políticos organizados por autores y gestores culturales como Carlos Angulo, Margarita Feliciano, María Elena Mesa, Silvia Alfaro con su importante evento anual FILibro Canadá, Luis Molina Lora y sus iniciativas como editor de Lugar Común. Se me quedan nombres en el tintero y esto se va pareciendo ya una guía telefónica.
La poesía de vanguardia -donde gran parte de mi producción encaja más o menos-, o la antipoesía, no figuran mucho en la poesía canadiense, pero he tenido cierta inserción, como la mencionada fundación de mi editora con mi compañera de entonces, poeta y artista visual, Paulette Turcotte, el trabajo con Patrick White. Poeta laureado de Ottawa, capital de Canadá, donde todavía resido, autor de “Homage to Victor Jara” (Homenaje a Víctor Jara), libro de poemas publicado en 1985, que cuenta con un prólogo mío, siendo el otro de Luis Lama. Traduje al castellano el libro Lapidario (Lapidary) de Heather Ferguson, que fue publicado en Les Éditions du Vermillon. Eso a manera de ejemplo.
¿A qué atribuirías que hoy cueste encontrar tu trabajo en Chile?
No hay libros míos en Chile porque no hay libros míos circulando allá, a excepción de “Orejas y vanguardias”, publicado por “Niño diablo”, en 2024, un texto armado especialmente para ellos con material publicado e inédito, con una enjundiosa introducción a mi poesía a manera de prólogo por Gamalier Bravo. He leído traducciones de esos poemas al inglés, en recitales con poetas canadienses. Además, desde la Escuela de Santiago, mi escritura poética ha tenido un estilo bastante “rarete”, en tiempos en que prima la accesibilidad, la claridad, y, por así decir, una cierta universalidad de contenidos, que permean lo que se escribe en este tiempo de medios virtuales. “El medio es el mensaje”, frase de Marshall McLuhan, deja en claro que “el contenido de un mensaje pasa a un segundo plano frente al canal utilizado para transmitirlo”, que pasaría a conformar este contenido. Aclarando que hablo de tendencias, y no se absolutos. Digo que además hay escrituras urbanas, femeninas, de diversas elecciones genéricas, autóctonas, regionales, urbanas y (todavía) láricas, locales, etc. que configuran diversas “trenzas” de pertenencias a colectividades locales, no se trata de algo negativo, además de que es un fenómeno universal, mundial, y que tiene una autenticidad tribal.
Octubre 2026
