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AÑO 7 - 2026

JULIO CARRASCO «ESTA NOCHE NO ERA LA EXCEPCIÓN»

Julio Carrasco (Santiago, 1969). Autor de la novela Fuimos a bombardear Croacia (Alfaguara, 2014), de los libros de crónica Antártida. No se asegura regreso y Travesía al Cabo de Hornos (ambos por Ediciones Biblioteca Nacional, 2015 y 2016), así como de los poemarios Elogio de los reptiles (Ediciones Tácitas, 2014), Despedidas Antárticas (premio Revista de Libros de El Mercurio, Mercurio Aguilar, 2006), Sumatra (Ediciones Tácitas, 2014) y El Libro de los Tiburones (1995, reeditado por Libros del Pez Espiral, 2017). El año 2022 Ediciones Tácitas publicó El meteoro, una antología de su obra poética.


La naturaleza nos da lecciones atroces

Por ejemplo la mantis religiosa, el ciempiés gigante

y algunas arañas devoran pájaros y pequeños roedores

Eso no debería ocurrir, los invertebrados no deberían

cruzar la línea invisible que hay entre los seres

de cuatro patas y los de ocho o más

Pero ocurre y es desalentador.

Oscuro y caliente como el humo de una estufa a parafina recién apagada

“Si es bueno, es tan bueno que hasta los ángeles envidian su estado; si es malo, es

tan malo que hasta el mismo Diablo se avergüenza de su compañía. ¡Qué cosa

maravillosa es el hombre que, siendo tan débil, desobedece a Dios que es tan

poderoso!”

Farid Ud-din Attar

Nunca me gustó Verónica Almendares

Básicamente, creo, porque la vi actuar en una competencia de baile

y su cara demostraba demasiado bien el intento

de expresar sensualidad

Pocas veces un esfuerzo así tuvo tan magro salario

(recuerdo haber pensado)

Observándola más adelante descubrí el mismo afán

en sus gestos cotidianos

lamentablemente con idéntico resultado

Y esta noche no era la excepción

Me gustaba una de pantalón hindú

Nos miramos de reojo pero podía ser perfectamente

la novia de alguno de los heterosexuales que la rodeaban

Salí del lugar rumbo a otra fiesta acompañado

de mi amiga recién separada

Me contó, en el viaje, sobre el estilo de vida de la gente

en el extremo norte de los Emiratos Árabes

Sufrían todos, comentaba, de una locura denigrante,

mezcla de arribismo y pereza

Saludé cordialmente al llegar

Había mujeres en la pista pero dejar sola a mi amiga en ese ambiente

habría sido una descortesía

Ella propuso regresar y eso hicimos

El pantalón hindú había desaparecido

Quedaba Verónica Almendares bailando en el living algo

así como una cumbia

Me compadecí del tipo que la acompañaba, por aspirar a tan poco

Pero en verdad no había nada más en la fiesta

Me tomé un trago, luego otro y un tercero

Mi amiga recién separada ensayaba frente a un vidrio

los insultos que intercambiaría con su ex

La música, un desastre, las canciones eran cortadas a la mitad

y se producían silencios periódicamente

Tuve una interesante conversación sobre refrigeradores con un tipo

Y entonces sí, de pronto: ya estaba listo

Estaba listo para abrazarme a Verónica Almendares

El tiempo actual comenzó a teñirse de un amarillo

intenso, denso y fosforescente

Las luces se derramaban sobre la sala como un metal derretido

El suelo saltaba en ascuas ardientes

Como si el whisky que bajaba por mi garganta se hubiera trocado

en kerosene y me hubiera vuelto capaz súbitamente de proyectar ese calor

hacia afuera

Como si nos hubiéramos sumergido de golpe

en una piscina de napalm: mi corazón cruzaba el núcleo del Sol a toda

velocidad embistiendo largos cardúmenes de pirañas brillantes que a su paso

rompían filas como cristales

Estaba listo para abrazarme a Verónica Almendares y convertirnos

a ambos en una trenza de vidrio fundido

Pero ella salió al patio con el tipo que cambiaba la música

Luego partieron a su automóvil

mientras resonaba a lo lejos la voz de mi amiga recién separada,

comentando que había planeado irse con cualquiera esa noche

Mis ojos seguían adheridos con un elástico de luz al automóvil

que se alejaba por avenida Kathmandú.

Lógica y belleza en el movimiento elástico de los tiburones

En mi relación con los tiburones no podría mediar otra cosa

que la lógica pura

Quizás por eso representan tan bien la parte

de la realidad que entiendo menos

El lugar que ocupan en mi universo simbólico –por su capacidad letal

y aspecto inexpresivo– está justo en el borde de lo racional, a un paso de las

estrellas de neutrones y demás objetos monstruosos a los que sólo es posible

acercarse a través de la reflexión pero que, paradójicamente, resultan

incomprensibles

Pensando en esta dirección alcancé a vislumbrar la sustancia

lógica que me une a los tiburones y por extensión a las demás criaturas

Sin otra alternativa, acepté mi existencia individual

Como un torpedo que tras errar el blanco sigue

desplazándose en línea recta indefinidamente

de forma que encuentra su destino en el momento

en que falla

Aerodinámico y solitario

Como un falo en un océano de líquido amniótico.

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