CHARO GARCÍA DIEGO – “Devenires y tragedias de los pueblos indígenas en el cine Centroamericano”

A lo largo de la historia del cine centroamericano y caribeño hemos visto como los directores y directoras se han paseado por problemáticas de todo tipo. Los ámbitos sociales son diversos y guardan características identitarias dependiendo del país en el que se encuentren. Las competencias que se asumen para las denuncias tienen mucho que ver con la narración de la historia de los países, las migraciones, la diversidad sexual, la agresión a mujeres y niños, en un intento de mostrar la perspectiva de la prohibición y el dominio de los que usurpan el poder político. Uno de los marcos de mayor interés antropológico y etnológico, por lo que de comportamental tienen, marcando los intereses particulares de cada miembro y la identidad del grupo al que se pertenece es aquel dedicado a las producciones indígenas. No existe arbitrariedad ni capricho de índole personal al referirme a las películas que se reseñan en este artículo, sencillamente han ido apareciendo en mi caminar por el cine centroamericano. Seguro que seguirán principiando más títulos a lo largo del tiempo.

La amenaza de los colonos esta como la espada de Damocles, indicando peligro inminente, sobre los pueblos indígenas víctimas de la invasión de sus tierras, – en mayor lugar si están en reservas naturales-, y un estado indiferente permite las ocupaciones ilegales. Hoy día hombres armados siguen abriendo fuego contra los pobladores con total inconsciencia. Niños, mujeres y ancianos tienen que ponerse a salvo fuera de su tierra mientras los hombres se quedan defendiendo el territorio a expensas de ser tironeados o acuchillados con riesgo para sus vidas. Los gobiernos siguen sin dar garantía a estos pueblos indígenas y a sus vidas, la integridad y el territorio arrebatado. Las amenazas y compras fraudulentas de tierras a las que son sometidos los indígenas deben que ser erradicadas.

Este artículo tiene por protagonistas las siguientes películas: El silencio de Neto Luis Argueta 1994, Gasolina y Polvo de Julio Hernández Cordón producidas en 2008 y 2012, Distancia Sergio Ramírez 2010, Ceniza negra Sofí Quirós 2019, Rio sucio Gustavo Fallas 2020, Panquiaco Ana Elena Tejera 2020, El mito blanco Gabriel Serra 2020, y las producciones que están en sus caminos hacia el estreno futuro Las cartas de Lucia Brenda Vanegas 2022 y Allá donde nace el sol Laura Bermúdez y Jorge Chávez 2022.

En algunas de estos títulos oiremos hablar a los actores en el idioma de los colonizadores, el español, en otras nos acercaremos dependiendo del lugar indígena de origen, a los idiomas boruca, q’eqchí, quicke, ngabe, guna o garífuna. La riqueza de la diversidad dará muestras de inteligencia cuando todas las demandas de los pueblos aquí contemplados sean escuchadas y defendidas por la gran comunidad universal que esta llena de contradicciones.

En la película de Luis Argueta El silencio de Neto aparece un primer personaje indígena que asume una actriz [no indígena] que interpreta a la criada embarazada del hijo de una familia burguesa. Este acercamiento tiene todo un principio de intención, por primera vez no se utiliza al indígena como personaje folklorito sino como participante de la vida diaria de una familia guatemalteca. En el caso de la película Gasolina, un golpe seco dado desde un coche por unos jóvenes nos indica que puede tratarse del atropello de personas. Oímos la voz de una mujer que utiliza el q´eqchí, [lengua de origen maya, considerada como uno de los idiomas cooficiales de Guatemala] aunque no entendemos el idioma, la expresión de nerviosismo y el tono de voz nos indica que pide socorro para el cuerpo herido de quien suponemos su marido. Este indígena malherido es rociado con gasolina e incendiado por los tres jóvenes inhumanos.

La secuencia nos demuestra que en la región guatemalteca donde tienen lugar los sucesos, la condición indígena lejos de merecer el auxilio lo que aglutina es indiferencia, salvajismo y muerte segura por parte de los no-indígenas.

En Polvo, Julio Hernández Cordón introduce en la historia que narra un elemento altamente perturbador, la iglesia “evangélica”. Juan el protagonista a quien oiremos comunicarse en quicke [idioma hablado por buena parte de los miembros de la etnia quiché, originaria de Guatemala] es hijo de un asesinado durante el genocidio maya de los años 80. No trabaja en nada pero recorre las tierras acompañando al individuo que se gana la vida con “una supuesta farsa religiosa”. Los límites de su vida navegan por la obsesión de descubrir al asesino de su padre y vengarlo de la manera más vil. La forzada convivencia de todos en la zona hace que la ira de Juan sea cada vez mayor.

Aunque la intención del director este muy lejos de querer manipular al espectador resulta difícil no tomar partido por determinadas acciones. La perturbación que tiene el personaje de Juan crea distancia y a su vez la falta de conciencia del presunto delator nos mantiene lejos del mismo. Tan solo sentiremos piedad por el hijo. Humillaciones y perjuicios conducen a la venganza, en muchos casos esta consigue la serenidad.

En Distancia y Panquiaco dos son los personajes que empiezan su camino por recorrer en solitario. Tanto Sergio Ramírez con su protagonista Don Tomás Choc, como Ana Elena Tejera con Cebaldo narran la historia de dos hombres con fines muy diferentes. En Distancia, un padre indígena va al encuentro de su hija arrebatada por los militares en la guerra de los años 80. En Panquiaco un indígena de Guna Yala quiera volver a su tierra natal en Panamá. La controversia fundamental y que merece cuanto menos un cuestionamiento denuncia es que el encuentro de Don Tomás Choc y su hija necesita de traductor puesto que el padre habla en español y la hija en quicke. En un momento del breve encuentro la hija muestra al progenitor el deseo de aprender español para poder compartir los recuerdos del diario, escrito por este en un español pobre pero lleno de sentimientos, dibujos y anécdotas. En el caso de Cebaldo su idioma adquirido es el portugués por su trabajo en el mar en Portugal, pero el de origen es el guna [lengua indígena hablada por la etnia amerindia] guna y con él se comunica con sus hermanos. Mientras el personaje de Don Tomás Choc escribe su propia historia en el recorrido hacia el encuentro paternofilial, en el caso de Cebaldo lo que pretende es visitar a los familiares vivos y las tumbas de los muertos. Será allá en Panamá donde la película cobra su fuerza mayor cuando le veamos visitar la tumba de su padre o bañarse desnudo en el rio con su hermano.

El rostro indígena de Don Tomás Choc nos acerca a una cara dibujada y curtida por la intemperie de su trabajo campesino, con una mirada cansada e íntimamente expectante. La larguísima espera y la incertidumbre de saber si su hija vive, han contribuido al desgaste y la falta de fuerzas del personaje, no solo físicas también emocionales.

Por el contrario, un maravilloso plano secuencia nos muestra a Cebaldo ya en Guna Yala, allá en la casa de sus padres, refugio de su niñez, donde su abuelo narraba historias que siempre sintió como imaginarias, aunque en realidad eran las vidas de sus antepasados y los sucesos que vivieron. En un juego con la memoria y el poder curativo de las plantas para su recuperación entramos en la vivencia humana de la costumbre del lugar.

Rio sucio nos coloca ante los encuentros de un indígena Boruca que habla en español. Su idioma originario es el boruca [idioma perteneciente a las lenguas habladas por los pueblos amerindios que actualmente está en extinción]. En realidad, Gustavo Fallas nos cuestiona una vez más la necesidad de construir un enemigo social. Se trata de pergeñar una xenofobia contra aquel que nos rodea, creando un bosquejo diferencial que reafirme la preeminencia por raza. Es por ello que el indígena desata las iras de Don Víctor, un ermitaño de mal sentir y peor pensar. No concibe la idea de neutralidad ante los acontecimientos, solo le sirve la distancia de los diferentes en este caso la indígena boruca, su posición totalitarista, sectaria y homogénea le impide ver al otro como su igual.

En El mito blanco la segunda de las tres historias la protagoniza una indígena que habla negäbe [pertenencia a familia chibchense que se habla en Panamá], trabaja en los cafetales de la comunidad de Sabalito. Gabriel Serra denuncia como en sociedades pluralistas en las que existen comunidades diversas, los grupos estigmatizados aparecen a ojos sociales como los no negociables y sin capacidad de adaptación. La desconfianza generalizada ante el migrante pobre, como observamos en las tres historias de la película, que comparten un mismo territorio, fomenta la “aporofobia” y dificulta la comunicación, haciendo que los marginados sean vistos como una posible agresión.

Ceniza negra película costarricense realizada por Sofí Quirós, en la que vemos la convivencia de generaciones muy diversas y distantes en el tiempo. La niña protagonista habla español pero los personajes mayores hablan en ingles y español. En el Caribe tico se habla criollo limonense [variedad del inglés que es hablado de diferente manera según las generaciones]. Película de gran interés antropológico, parte de una premisa dramática que entronca con una cosmovisión precolombina hoy en retroceso, puesto que el caminar de Latinoamérica cada vez se torna más urbano y deseoso de entrar en el cosmopolitismo.

La directora hondureña Laura Bermúdez y el artista multifacético Jorge Chávez, hombre garífuna [lengua arahuaca con muchas palabras y afijos de la lengua caribe] están en postproducción de su película documental Allá donde nace el sol, una pieza cinematográfica que contará la historia de Jorge Chávez, un músico, tamborista y bailarín, originario de una comunidad afrodescendiente en el Caribe hondureño, quien ha vivido años en Tegucigalpa. Vuelve a su comunidad en busca de encontrar el corazón de la cultura garífuna en Honduras. Una visión que promete indagar en la identidad del pueblo garífuna y dar a conocer toda la idiosincrasia de dicha cultura.

Con Las cartas de Lucia dirigida por Brenda Vanegas tendremos que hacer frente al siguiente argumento. Lucía es la mayor de ocho hermanos, creció en un ambiente sin cuidados y mucha pobreza. Cuando tenía sólo 11 años, sale de su casa a vender y cuando regresa sus hermanos no están. Lucía quema el cañal a modo de purificación, se aleja del lago… amor, desdicha, desamparo, descuido.

Puedo pensar que la protagonista es una persona con la inefable capacidad de anteponerse a las distintas adversidades que se les presentan en la vida diaria. El tiempo nos lo va a ir contando. Lucia nunca deja de buscar a sus hermanos. Los ojos de la directora son tan intensos y están tan llenos de belleza y justicia que sin duda nos encontraremos con un trabajo magnifico.

En 1932 hubo una masacre en El Salvador que acabó con la vida de 30.000 indígenas llevada a cabo por la dictadura de Maximiliano Martínez, los que quedaron con vida tuvieron miedo de manifestarse como indígenas. Me sirvo de los pobres y campesinos que se retratan en Las cartas de Lucia para recordarles como espíritus que rondan el dolor de la misma Lucia.

La visión de los cineastas centroamericanos sobre la posición social que han ocupado los pueblos indígenas en la mayoría de los casos constituye una denuncia sobre las atrocidades a las que se han visto sometidos. En este siglo XXI hay una manera que pretende acercarse a lo correcto al situarlos como comunidades con rasgos socioculturales que incluyen la lengua, la cultura, la religión, junto a los valores, usos y costumbres. La defensa y protección de sus idiomas, su sistema de signos comunitarios para comunicarse oralmente o por escrito es el mejor síntoma que podremos disfrutar en la medida en que su identidad les sea reconocida y sus derechos civiles.

 

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Charo García Diego (Salamanca 1961, España) es Pedagoga, Socióloga y Psicóloga Social. Organizadora, coordinadora y difusora en los medios de comunicación de actividades culturales desde 1990 en España. Ya en sus inicios universitarios, estudia, investiga y escribe crítica de cine. Sus intereses giran en torno a la difusión de culturas transversales, multipluridisciplinares y versátiles que aporten enriquecimiento formativo a las nuevas generaciones.

En la actualidad, coordina el libro “Cine Centroamericano y Caribeño Siglo XXI” editorial extravertida que verá la luz en septiembre 2021 junto a una Muestra de Cine Centroamericano y Caribeño Siglo XXI, que recorrerá varias ciudades españolas y foráneas.

Colaboradora habitual en la revista digital LADOBERLIN y Materialextra.com

 

 

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