“Modalidades de memoria y archivos afectivos: cine de mujeres en Centroamérica” Ileana Rodríguez

Por Charo García Diego

 

Los libros de cine normalmente suelen centrarse en análisis técnicos, recorridos por toda la obra de un director o corriente cinematográfica o pesados ensayos sobre historia de aquello que el cine fue en sus inicios y que perdió para siempre en la actualidad. En ocasiones, esta es una de ellas, puedes encontrar enfoques que rompen con la monotemática forma anterior y abrirte a lenguajes diferentes. “Modalidades de memoria y archivos afectivos: cine de mujeres en Centroamérica”, un libro que llegó a mis ojos después de muchas conversaciones con intelectuales Centroamericanos, forma parte de esas propuestas incómodas que deberían estar en todas las bibliotecas que se precien de humanas, multiculturales y libres.

Se trata de afrontar los afectos de una manera sutil y noble alejada de lo estertóreo, estrepitoso y estratégico. Ileana Rodríguez nos muestra lo que podríamos denominar como, el fuera de campo de los sucesos, la posibilidad de construir en nuestro imaginario el horror absoluto que se ha soportado en Centroamérica con estados criminales, las guerras, los genocidios indígenas y los asesinatos de los pobres, “Los nadie” que llamaba Eduardo Galeano en su necesario poema. Es la memoria de los supervivientes quien golpea las conciencias de los humanos, además en ocasiones llena de deformación morfológica pero que se entiende muy claro, mucho mejor que las historias que nos cuentan desde el púlpito eclesiástico o el congreso senatorial. Los rostros pétreos que miran las cámaras de las películas documentales analizadas informan de manera detallada del terror político a que han sido sometidos los protagonistas, implorando, ya con las fuerzas mínimas el derecho a la memoria, la verdad y la justicia. En el recorrido crepuscular y obsceno vamos encontrando imágenes que nos enmudecen, tal es el calibre de la barbarie que la normalidad se ausenta. Resulta imposible conservar el temple, la calma, entramos en una exaltación emocional y psicológica que nos rompe el servicio.

EL horror no discrimina e igual se presenta en las poblaciones indígenas que en las urbanas y se apodera de los justos, los estudiantes, los docentes y los profesionales. Perseguidos en un tiempo ilimitado, inmenso por los escuadrones de la muerte, desaparecidos, torturados…

Considerando el cuerpo como lo mas sagrado que tenemos, la intromisión en la intimidad del mismo resulta indecorosa, éticamente improcedente y causa no solo de dolor físico, sino de un gran dolor moral, es el arrebato mas furioso contra la dignidad de las personas. La voz en off de los documentales, invoca a los muertos como fantasmas hibridados de la vida, elementos de distinta naturaleza que se asoman al vacío. Son la memoria del afecto.

Junto a todo lo aludido el reproche de la ausencia por la revolución frustrada, asesinada, cautiva. Niños que crecen sin padres que se fueron con el objetivo de sembrar futuro. Doblemente castigados, sin infancia y sin progreso. Historias de amor patrio que nada tienen que ver con el amor romántico de las películas de Hollywood. Discursos de denuncia del pedófilo que igual viola a la hija de su mujer que se queda con el patrimonio del país.

Es aquí donde la autora, Ileana Rodríguez, a través de una parte pequeña de las producciones que se han realizado en Centroamérica defiende el cine-memoria para seguir caminando hacia la democratización de los países.

En estas ganó la partida el egoísmo y la usura, la felicidad centrada en el poder y este en poseer dones materiales cueste lo que cueste, la vida de los demás, sigue pasando factura.

Y estas palabras son posibles porque Tatiana Huezo, Marcela Zamora, Gloria Carrión, Ana Lucia Cuevas, Mercedes Moncada, Leonor Zúñiga y Pamela Yates un día decidieron enfocar sus vidas a la investigación y a la búsqueda de razones para la sin razón de los hechos que ocurrieron y realizaron sus películas: El lugar más pequeño, Los ofendidos, Heredera del viento, El eco del dolor de mucha gente, Palabras mágicas para romper un encantamiento, Exiliada y Granito. Gracias por ello.

 

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Charo García Diego (Salamanca 1961, España) es Pedagoga, Socióloga y Psicóloga Social. Organizadora, coordinadora y difusora en los medios de comunicación de actividades culturales desde 1990 en España. Ya en sus inicios universitarios, estudia, investiga y escribe crítica de cine. Sus intereses giran en torno a la difusión de culturas transversales, multipluridisciplinares y versátiles que aporten enriquecimiento formativo a las nuevas generaciones.

En la actualidad, coordina el libro “Cine Centroamericano y Caribeño Siglo XXI” editorial extravertida que verá la luz en septiembre 2021 junto a una Muestra de Cine Centroamericano y Caribeño Siglo XXI, que recorrerá varias ciudades españolas y foráneas.

Colaboradora habitual en la revista digital LADOBERLIN y Materialextra.com

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