MEDEA – ALEXANDRA LATISHEV (2017)

 

 

“El viento es un caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por el cielo.

Quiere llevarme: escucha
cómo recorre el mundo
para llevarme lejos.”

Pablo Neruda

 

La soledad de la protagonista de esta película tica es de lo más profundo que me he podido encontrar en una historia. María José es una joven hija única que pertenece a una familia acomodada josefina, tiene al alcance de su día a día un dinero que le permite sufragarse sus gastos cotidianos sin problema. Persona de soledades que se sirve los espacios comunes solo para “no ser reconocida en su momento de vida actual”. Está embarazada. Un dato que determina de manera rotunda su personalidad: Es una joven sexualmente activa y libre a la hora de elegir con quien mantiene relaciones íntimas. Algo tan común en muchas sociedades occidentales, no lo es en las sociedades centroamericanas donde será el varón quien determine con quien, como y a cuantas mujeres se aparea, y en muchos casos los hijos que va a tener con la elegida. En Medea la protagonista utiliza la soledad para descubrirse a sí misma y darse cuenta de quien es y que quiere. Esto lo consigue, no quiere este hijo que va a nacer y que es muy fuerte, no quiere nada que le perturbe su paz. Las distracciones en que ocupa su tiempo son fingidas. Va a la universidad, sale a bailar, beber y drogarse moderadamente. Cuando transita por su casa y entra en la cocina, si sus padres la ocupan saluda por obligación y mediante una llamada de atención del padre. La relación con su grupo de iguales pasa por los compañeros de clase, su equipo de rugby femenino, El Calacas, un amigo íntimo de siempre y los encuentros esporádicos con chicos con los que juega inconscientemente sin importarle lo más mínimo. Obsesionada con su incipiente y notoria barriga que nadie percibe, consigue llegar a límites insospechados sin ser descubierta. Juega al rugby de manera salvaje pudiendo dañar al futuro bebe de forma irreversible, su barriga se golpea violentamente contra el cemento y duerme encima del césped húmedo toda una noche.

 

Al observar la forma de su pelo me asalta, el recuerdo de Ingrid Bergman en “Juana de Arco” de Víctor Fleming. Hay algo en el personaje de María José que me la recuerda y no solo estéticamente, me refiero a esa intrepidez, valentía e inconsciencia que tienen en común. A Juana de Arco la condenaron a la hoguera y rasuraron su pelo, María José sabe de la prohibición del aborto en Costa Rica y se rasura ella misma el pelo a lo Sinéad O’Connor en un acto furtivo y denunciante al fin.

 

La directora, Alexandra Latishev, una vez planteada la situación de la protagonista se mete de lleno en aquello que en realidad quiere denunciar ante los espectadores. Un encuentro social, un accidente donde los protagonistas huyen de la responsabilidad, unos padres ciegos a la cotidianidad, un grupo de iguales indiferente nos llevan como espectadores a presenciar una de las acciones más severas, ásperas y desalentadoras que puede vivir una mujer en la soledad. Y esta es una de las consecuencias que conlleva la falta de libertad por parte de los sistemas políticos que no permiten que las mujeres decidan tener hijos o no tenerlos. El desequilibrio existente entre inviolabilidad de la vida humana y la autonomía como derecho que tienen las mujeres a decidir sobre la procreación de su cuerpo conlleva sucesos de carácter trágico y nos sitúa ante la intersubjetividad de la ética que no puede inclinarse de un lado u otro de las posiciones encontradas. Cuanta menos libertad existe en una sociedad se agranda la distancia entre los que conviven en la misma y la toma de decisiones se vuelve más complicada y obtusa, más lenta y dificultosa hace la resolución de las situaciones de vida, expandiendo más los peligros, las psicosis, el aislamiento social y las soluciones a tomar ante un problema que no es fácil de decidir. ¿No sería mejor un intento de evitación de embarazo por parte de la sanidad pública?, ¿Una educación para una sexualidad libre y concienciada entre los jóvenes?, ¿Un planteamiento de las opciones y no una solución a una causa que tiene un efecto? Pensemos, Alexandra Latishev lo ha hecho y deja como testimonio una película importante.

 

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Charo García Diego (Salamanca 1961, España) es Pedagoga, Socióloga y Psicóloga Social. Organizadora, coordinadora y difusora en los medios de comunicación de actividades culturales desde 1990 en España. Ya en sus inicios universitarios, estudia, investiga y escribe crítica de cine. Sus intereses giran en torno a la difusión de culturas transversales, multipluridisciplinares y versátiles que aporten enriquecimiento formativo a las nuevas generaciones.

En la actualidad, coordina el libro “Cine Centroamericano y Caribeño Siglo XXI” editorial extravertida que verá la luz en septiembre 2021 junto a una Muestra de Cine Centroamericano y Caribeño Siglo XXI, que recorrerá varias ciudades españolas y foráneas.

Colaboradora habitual en la revista digital LADOBERLIN y Materialextra.com

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