A CINCO AÑOS DE LA PARTIDA DE ANDRÉS GALLARDO BALLACEY

 

 

Hace poco, un filósofo me recordó una de las últimas clases que dictó Andrés Gallardo en la Universidad de Concepción. Tenía cursos con distintas carreras. Y no es que supiera mucho de todo, sino que uno de sus objetivos era impregnar el buen uso de la lengua sin importar contexto ni circunstancia. Incluso, dictó en la Provincia de Arauco un taller a Carabineros que ejercían labores en dicha zona. Me comentó, con su recurrente mesura, que más que hablarles de lingüística, trató de hacerles entender y valorar el poder de la Palabra por sobre cualquier otro método. En fin.

Este alumno me comentó cómo Don Andrés, visiblemente enfermo, le manifestó a la clase que, gracias a ellos, él seguía sintiéndose vivo. De hecho, la recomendación era no moverse de Santiago (donde vivía junto a su esposa Mariana), pues quien escribe y mi hermana Camila (ambos hijos de su difunta primera esposa, María Cecilia Frías Hernández, también víctima del cáncer, a quien cuidó hasta sus últimos segundos de vida), podíamos sin problema viajar para acompañarlo en su gallarda y digna agonía. Pero no. Él, porfiado como correctamente siempre lo fue, insistió en seguir haciendo clases en la U de Conce. Siempre manifestó un especial compromiso con dicha Casa de Estudios y, en especial, un permanente interés por las regiones, que se vio reflejado siempre en su obra literaria.

Así fue como siguió viajando a Conce para, además de realizar sus clases, almorzar con Camila y Carlos, mi cuñado, y cenar y conversar con quien escribe, una más de las muchas personas herederas de sus enseñanzas que, por el contrario de lo que se pudiese esperar de un académico de tan ilustrada y alta gama, abarcaron más que lo intelectual: Andrés Eduardo Alfredo Pedro Gallardo Ballacey nos enseñó, ante todo, la grandeza de la sabiduría compartida a través del amor, la pasión, la humildad, la honestidad.

Durante sus últimos años, se involucró en el teatro, además de finalizar su última novela “La Ciencia de las Mujeres”, lanzada póstumamente, y de vivenciar las reediciones de varias de sus obras, con inusitado éxito. Presentó, entonces, la obra “Llueve”, con su amigo el actor Sergio Hernández, e incluso alcanzó a dirigir, muy aquejado por su cáncer, exitosas temporadas de su obra “El Faro de Tacas”, ambas protagonizadas por su mujer Mariana Prat, quien aseguró que nunca se quejó de su enfermedad y que siempre lo acompañó el humor. Su último trabajo fue lanzado también en forma póstuma, la obra dramática “Elsa, nacida libre”.

Así fue la genialidad propia de un hombre cuyos títulos más prolijos están estampados en la memoria y los corazones de quienes tuvimos la dicha de estar cerca suyo.

Gracias, Andrés Gallardo, por mostrarnos la belleza de la Palabra encarnada en la buena fe.

Gracias, Papá, por enaltecer nuestra ciudad y nuestras vidas.

 

[Ignacio Gallardo Frías, escritor]

 

 

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LA AUTOPSIA PARCIAL

Después de atender al tercer cliente, Eufrosia Yáñez Maulén, Brigitte, se sintió más melancólica que cansada, y para pasar la pena se echó dos botellas de pisco al achuñuscado pecho. La autopsia, entretenida en describir el proceso de intoxicación alcohólica, omitió mencionar cuatro años en el cabaret La Dolce Vita, cinco años en la calle San Martín y tres años en la calle Orompello, sin contar diecisiete años previos en un rancho de los alrededores de Carahue.

(“Obituario”, Andrés Gallardo Ballacey)

 

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