Edmundo Vélez Alcívar: El artista debe —muchas veces— ser la conciencia de la sociedad

Por Eduardo León

 

Las palabras van y vienen. Algunas se quedan para siempre, otras se transforman y también tenemos las que desaparecen en un mundo olvidado. La poesía es producto de la magia y de la perseverancia, de la boca sedienta por ese amor hacia el arte. Francisco Umbral ya lo dijo alguna vez: escribir es la manera más profunda de leer la vida.

Cuando escuché por primera vez a Edmundo declamando poesía, la ciudad se detuvo y la noche se hizo silencio. Sus versos inundaron el ambiente, mientras florecía otro clima, uno que llevaba a la calma, al disfrute de la mente, del corazón y del alma. A mis preguntas llegan sus respuestas como esos pétalos que dibujan un camino.

 

Finalista del certamen de poesía “Versos primaverales” organizado por Zenda y patrocinado por Iberdrola en los que participaron un millar de poemas. No es el primer galardón que recibes. Cómo tomas este reconocimiento en la etapa de pandemia que nos toca vivir a todos y cómo te perfila para el futuro literario.

 

Hola a todos quienes hacen posible este espacio, también a los lectores. Pues te diré la verdad, esto es como una redefinición continua de las cosas que antes veíamos sin conocer. En esta pandemia algo antes normalizado como una primavera o un simple paseo adquiere una dimensión trascendental. Para un prisionero la vista de un árbol deja de ser simple, lo mismo en este contexto de distancia social y de encierro. Pienso que esta crisis es una excelente oportunidad para que la expresión artística vuelva a valorar las bases mismas de lo sensorial. Somos entes con piernas y no con raíces, a veces necesitamos limitación de las extremidades para “conocer” cabalmente el espacio. Lo mismo con el tiempo, las cosas que podrían cambiar para siempre, la ausencia posible de quien ves hoy.

 

Podrías compartirnos tu poema “Pétalos de venganza”

Claro que sí.

Pétalos de venganza

Duermo al rayo que domestica la memoria,

trazo las distancias con los tajos de otro nombre.

Corto, y el cuello indiferente navega promesas

en multiplicados eclipses bajo la piel.

Así, cierras los ojos antes de despertar.

Ínfimo olvido mortal que al metal tiembla

en nombre de Dios.

Adiós, feliz despertar.

Ya era hora de intercambiar papeles.

 

En alguna ocasión había comentado que tu poesía apunta al instante de algún desvelo, donde los amantes se hacen barro y se cosecha desnudo el plan perfecto. Que es el acto amatorio para Edmundo desde todos los puntos de vista que le quieras dar.

 

Me haces una pregunta algo complicada de responder. El don amatorio es un retorno al todo. Si nos ponemos a pensar, cualquier comunión con tan siquiera otro ser es limitada, podemos acercarnos gracias al lenguaje y la empatía, sin embargo, nunca llegamos efectivamente a la totalidad del otro ser. Sea ilusión realidad, el don amatorio es una respuesta a ese deseo profundo. deseo de romper con la soledad del ser. Es un lenguaje no solo de palabras, sino del cuerpo mismo. Es una paradoja entre el ser parte alguien y ser extraño en el universo. El don amatorio es una búsqueda espiritual desde la comunión de los cuerpos. Uno intenta describir el infinito desde el alfabeto de la piel y los huesos. ¿Tarea imposible? Quizá, y de lo imposible nace Dios, el otro.

 

Tus influencias desde pequeño han sido Hermann Hesse, Fiodor Dostoievski, León Tolstoi, Mario Benedetti y, el amor de tu vida, el filósofo Friedrich Nietzsche. Cual te parece su obra más representativa y qué opinión tienes cuando el aborda el resentimiento del débil como “maestro de la sospecha”

 

Para mí todas sus obras tienen algo de especial. Algo que me gusta de aquel filósofo es que no te deja respuestas, solo dudas. Lo veo como aquella esfinge que tiene un peligroso secreto y solo se ríe burlonamente. Uno de los aportes más significativos es la moral del amo vs la moral del esclavo. El pensamiento nietzscheano utiliza la polaridad, y es uno de los puntos en donde se le puede hacer una crítica. La moral del esclavo hace referencia a una escala de valores no desde la proposición sino de la negación: yo existo como negación de ti, de quién sí creó algo, propuso algo. Para Nietzsche el negador no crea nada, por eso lo equipara con doctrinas que prometen algo más allá de esta tierra sacrificando la medida de las cosas que es el cuerpo con su voluntad de poder. Así pues, la debilidad estribaría en la negación de sí mismo, privarse, herirse, todo por la promesa de una vida ultraterrena. Personalmente no acepto todo lo que Nietzsche plantea, aun así lo considero un filósofo y poeta fuera de serie. La moral del esclavo tiene sus puntos fuertes, ejemplo burdo: una sociedad que no supera las heridas del pasado y fundamenta su ideología y razón de ser desde el resentimiento, como el culpar a la España de hoy por los eventos tristes ocurridos durante la conquista. No se me malinterprete, no hablo de negacionismo histórico, pero sí de la comprensión “genealógica” y no la creación de valores a partir del ser anti-español.

 

 

Ezra Pound en su libro El arte de la poesía habla de que el poeta tiene una importante responsabilidad social porque moldea el imaginario de su tiempo. Para ti Edmundo que tu vida se ha vista envuelta por paisajes naturales y leyendas campesinas, esa postura es acertada.

 

Pues, te confesaré que soy un poco afín al budismo. Creo que lo que menciona el poeta es y a la vez no es verdad. Toda definición como separación del todo, aunque necesaria, lleva a la imperfección y al error. Es importante ir con humildad frente a las definiciones. Es decir, son necesarias, pero debemos recordar que como todo sistema de elementos finitos (lenguaje por ejemplo) que intenta expresar lo infinito, lleva consigo sombras de realidad que no se abarcan. Sinceramente no creo que el poeta sea un creador por sí solo. Interviene como un importante tornillo de un engranaje más grande. Pensemos en el Quijote de Cervantes: la novela fue a la par de un mayor poder de la burguesía frente a la nobleza, especialmente visible en la Italia renacentista y sus ciudades-estado como Venecia o Florencia. El poeta es capaz de acceder a dinámicas sociales e inconscientes que están adquiriendo fuerza. En ese aspecto es un filósofo dionisiaco.

 

 

Dos visiones. Cómo se ve la poesía con academia y sin la presencia de ella.

 

Qué te diré. Ambas orillas son necesarias y se complementan, aunque sus partidarios muchas veces se vuelven irreconciliables frente a la otra postura. Lo que sí te diré es que el artista debe —muchas veces— ser la conciencia de la sociedad, y esto lo lleva a enfrentarse muchas veces con el orden establecido. No es ley, pero ha sucedido. Pensemos en alguna voz disidente en pleno nazismo, o aportes literarios que visibilizaban lo no visible como La cabaña del tío Tom con el tema de la esclavitud o 1984 con el tema del control estatal de posverdades. No es ley, pero si reducimos a la poesía meramente a la academia, esas voces, muchas veces molestas pero necesarias, se comprometerían. Lo mismo si no existe academia, pues se requiere también un sistema que busque inventariar y determinar las lógicas de cierta obra artística, no solo para saber interpretar o sentir su contenido, sino para poder romper continuamente con los moldes y jugar con la experimentación. El poeta se debe a la calle, después de amamantarse de la academia debería salir. Lo mismo si el poeta creció en la calle, huérfano: debería volver con su madre.

 

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Eduardo León (Guayaquil, 1977). Autor de Censurado (El Ángel Editor – 2018), Manzana para mi boca (El Ángel Editor – 2019), Luz Emilia: un cuento de la infancia (Editorial Madriguera – 2020) y Categorización del Ecuador en transportación aérea (Libro Working Editorial – 2020).

Sus poemas figuran además en la antología de poesía del XI Encuentro Internacional de Poetas en Ecuador 2019 – Paralelo Cero; en el audio libro de la Antología Poética Contemporánea versoTRASverso (Editorial Lluevediciones – 2020); en la Revista Hiedra de México, Revista Aullido de España, Revista Innombrable de Colombia y diferentes portales de cultura de Latinoamérica. Dos de sus poemas han sido traducidos al italiano.

Formó parte de la Feria Internacional del Libro Guayaquil 2018, en la que presentó su primer trabajo poético, con el cual inició su camino por la literatura.

Uno de sus ensayos se encuentra en el listado de ganadores en el concurso organizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Guayas: Textos de la Peste (Anales del Covid-19). Escribe reseñas en las revistas La Verdad y Misiva Digital. Relatos suyos aparecen en el portal de periodismo y literatura loscronistas.net

[Administrador del portal cultural La poesía del prójimo]

 

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Eduardo León (Guayaquil, 1977). Autor de Censurado (El Ángel Editor – 2018), Manzana para mi boca (El Ángel Editor – 2019), Luz Emilia: un cuento de la infancia (Editorial Madriguera – 2020) y Categorización del Ecuador en transportación aérea (Libro Working Editorial – 2020).

Sus poemas figuran además en la antología de poesía del XI Encuentro Internacional de Poetas en Ecuador 2019 – Paralelo Cero; en el audio libro de la Antología Poética Contemporánea versoTRASverso (Editorial Lluevediciones – 2020); en la Revista Hiedra de México, Revista Aullido de España, Revista Innombrable de Colombia y diferentes portales de cultura de Latinoamérica. Dos de sus poemas han sido traducidos al italiano.

Formó parte de la Feria Internacional del Libro Guayaquil 2018, en la que presentó su primer trabajo poético, con el cual inició su camino por la literatura.

Uno de sus ensayos se encuentra en el listado de ganadores en el concurso organizado por la Casa de la Cultura Ecuatoriana Núcleo del Guayas: Textos de la Peste (Anales del Covid-19). Escribe reseñas en las revistas La Verdad y Misiva Digital. Relatos suyos aparecen en el portal de periodismo y literatura loscronistas.net

[Administrador del portal cultural La poesía del prójimo]

 

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