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AÑO 7 - 2026

ENTREVISTA A LA ESCRITORA COLOMBIANA FADIR DELGADO ACOSTA

Fadir Delgado Acosta es escritora y gestora cultural de Colombia con Maestría en Creación Literaria. Es Premio Nacional de Poesía de Colombia, 2023 otorgado por el Ministerio de Cultura de este país. Es la primera mujer del Caribe colombiano en obtener este galardón. Recientemente fue seleccionada como la escritora del año en el Caribe colombiano por el Programa Leer El Caribe de El Banco de La República y acaba de obtener el Premio Internacional de Poesía Tennesse Willliams en su edición 2026 que se otorga en Dallas, Estados Unidos.

Entre sus obras se destacan La Casa de Hierro, El último gesto del pez, posteriormente traducido al francés y publicado en París por la editorial Encre Vive, La Temperatura exacta del miedo, Lo que diga está lleno de polvo, No es el agua que hierve, Sangre seca en el espejo, La tierra que se tragó el cuerpo, Cama de hospital vista desde abajo, Escritura del precipicio y Amenaza de aborto.  Ha recibido otros premios y reconocimientos a lo largo de su carrera literaria, entre ellos: finalista del Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen de México, 2025, del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe de España, 2022, del Juan Ramón Jiménez de Coral Gables, 2022 de EE.UU., del Premio Internacional de Poesía Jovellanos de España, 2020. entre otros.  También ha recibido el Premio de Poesía Universidad Nacional de Costa Rica, 2020. Premio Distrital de poesía de Barranquilla, 2017. Premio Distrital de Cuento de Barranquilla, 2018. Premio en Poesía del Concurso Internacional de literatura de la Universidad de Buenaventura, Colombia, 2014. Mención especial del Premio Internacional de poesía de Puerto Rico, 2020. Primera Mención del Premio Tomás Vargas Osorio de Colombia, 2020. Ganadora de la Beca de Circulación Internacional para las artes, 2018, 2024, que otorga el Ministerio de las Culturas de Colombia. Ganadora de la Residencia Artística en Montreal por parte del Ministerio de Cultura de Colombia y el Consejo de Artes y Letras de Quebec, en el área de literatura, 2013.


Eres hija de una poeta. ¿Cómo crees que incidió eso en tu relación con tu lengua materna y en tu vocación poética?

Crecer con una madre poeta fue fundamental para mí, pues no crecí siendo la niña rara de la familia, (risas) ya mi madre lo era antes que yo. Al nacer, tuve un camino más ligero. A nadie le extrañaba que escribiera, que cazara moscas o hablara sola por los pasillos de la casa o que comenzar a dar talleres de poesía a los 18 años. Que hubiera otra poeta en la familia no era raro. No tengo esa historia que lamentablemente tienen muchos colegas, que se enfrentaron a la negación por parte de sus familias por elegir la poesía. Yo no sufrí de eso. Cuando dicté mi primer taller a los 18 años, mi abuela se sentía muy orgullosa, le decía a sus amigas que su nieta era profesora de poesía.

Además, crecer con una madre poeta, hizo que tampoco idealizara la poesía. Cuando le mostré el primer texto que escribí, mi madre no salió corriendo a colgarlo en la nevera a mostrárselo a sus amigos, sino que me tomó de la mano y me dijo: ¿quieres escribir?, entonces lee, y me dio una antología de poesía Latinoamérica que aun recuerdo. Fue así como a loas 8 años comencé a leer a Vallejo, a Neruda, a Huidobro…

De igual manera tener madre poeta, me permitió estar desde niñas en escenarios de conversaciones sobre literatura. Mi madre siempre me llevaba a las reuniones con sus amigos escritores, y para mí fueron espacios de aprendizaje, muchos de ellos se convirtieron en grandes amigos y maestros para mí.

Por otra parte, entiendo que tuviste problemas con el habla durante la infancia, pero que declamar poemas terminó siendo de ayuda. ¿Sientes que aún exploras la faceta terapéutica o sanadora de la lengua en el desarrollo de tu obra?}

Sí, la poesía puso las primeras palabras en mi boca, gracias a mi madre que acudió a ella para que yo me acercara al lenguaje. Yo me acerqué a la escritura poética porque necesitaba sobrevivir, necesitaba que las palabras no salieran decapitadas por la tartamudez que padecía.

Pensé que la escritura era una especie de jaula donde podía meter los vocablos que no sobrevivían en mi boca, pero me equivoqué, la poesía no aprisiona nada, al contrario; libera todo, le regala al lenguaje la libertad que le niega el uso utilitarista del habla.

La poesía me sacó del silencio, pero me regaló otro silencio, por ello, no creo que la poesía me haya sanado, me hizo ver mi tartamudeo como una manera de cuestionarme el lenguaje, de preguntarme por el sonido más mínimo de las palabras, entonces la poesía no me sanó, me permitió ver cara a cara lo que yo llamo la imposibilidad de nombrar, citando a Paz: No me salvó de la muerte, me permitió verla a la cara.

Para mí la poesía no es una huida de la vida, sino que encarna la propia vida con todas sus enfermedades, luminosidades y llagas.

En términos biográficos también, uno puede ver que no estudiaste literatura, filología ni ninguna otra carrera más directamente asociada con la poesía. Eso obedeció a una decisión deliberada, asumo.

Mi pregrado es en Comunicación Social y Periodismo. Es una carrera donde uno se enfrenta a la escritura, a los retos que representa, pero esta escritura va más orientada a hacerle fiel a la realidad, cosa que a la literatura no le importa, pero esa experiencia de la escritura periodística también ensanchó mi universo creativo.

Pero, yo sí tengo formación literaria, específicamente en creación, pues realicé una maestría en Creación literaria en Bogotá, tiempo después de terminar la U.

Esta experiencia también me permitió ampliar mis búsquedas estéticas como escritora.

Desde el sur del continente vemos el caribe como algo completamente idílico. ¿Qué particularidades tiene venir del caribe y cómo sientes que él ha influido en tu cosmogonía?

Siempre he creído que los territorios configuran y determinan la escritura de sus autores, pues cada lugar tiene su propia respiración, su propio sonido, aunque ya no viva en el Caribe; el Caribe va conmigo siempre, algo así como lo que decía Cavafis: la ciudad irá contigo donde vayas.

Yo siempre digo que llevo un sol por dentro, que lo arrastro. Aunque yo no escriba ahora directamente temas del Caribe, este siempre respira en mis textos, en las atmosferas de mis libros, en la respiración de los que escribo.

Yo tengo un sonido del cual no puedo desprenderme. Eso me recuerda algo hermoso que dijo en una entrevista el escritor colombiano Héctor Rojas Herazo cuando le preguntaron el porqué los caribeños hablamos alto, y él respondió: porque debemos competir con la voz del mar.

Yo siento que mis textos son intensos, que, aunque no hablen del mar, buscan sus sonidos, su oleaje a cada momento.

La escritura de una persona de la zona andina a la del Caribe, por ejemplo, siempre será distinta, no mejor o peor, distinta, pues cada territorio tiene su propia manera de sonar y eso se hace evidente en la escritura.

En tus textos está muy presente la familia y las relaciones interpersonales. ¿Formar tu propia familia nutre también tu poesía?

Esto tiene que ver mucho con la idea de que los territorios nos definen, y ese territorio, sin duda parte de los entornos familiares también, yo me he nutrido mucho de la historia de mi familia, por ejemplo, la figura de mi abuela ciega está presente siempre en mi obra literaria, las mujeres hacen parte fundamental de mi trabajo, porque yo crecí prácticamente en un matriarcado, crecí entre mujeres. El universo que esto me dio, lo he trasladado a la escritura.

Sabemos que participarás en la quinta edición del Festival Wine & Poetry en abril del próximo año. Cuéntanos qué esperas de conocer Chile y del Festival.

Chile es un país fundamental de la poesía hispanoamericana. Yo tengo mucha ilusión de conocerlo. Mucha. Nunca lo he visitado. Ir por la poesía hace que la idea de llegar a Chile se convierta en una experiencia más vital y poderosa.

Además, ir a un Festival donde se encuentra el vino y la poesía es doblemente un regalo. Yo vivo el vino como la poesía misma. Siempre he dicho que la experiencia del vino es muy sinestésica, pues no solo implica una cuestión del gusto, sino que involucra todos los sentidos, desde él se puede ver, se puede respirar, se puede tocar, es una experiencia poética, sin duda.

Una de mis pasiones es ir a cata de vinos. Me encantan esos espacios, involucran un tipo de sensibilidad muy cercano a lo poético. Con el Festival espero conocer mucho más la poesía actual chilena, compartir e intercambiar saberes y sensibilidades con otros poetas.

Octubre 2026

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