Entrevista y poemas de Walter Hoefler

Walter Hoefler (Valdivia, 1944), es profesor de Estado de castellano (Universidad Austral de Chile), y doctor en filosofía mención filología románica (Johann Wolfgang Goethe Universität, Frankfurt/M). Poeta, crítico y traductor con publicaciones en revistas y antologías, entre las que se cuentan Trilce, Correo de Valdivia, Araucaria, Revista de Educación, Espíritu del Valle, Logos y El Día de La Serena, además de trabajos y artículos propiamente académicos. Ha publicado los poemarios: “Las cosas del oficio”, en 2007; “Guiños y peajes”, en 2015, y “Libro breve sobre poemas extensos. Una poética y una práctica”, en 2024. En 2004, recibió la Medalla Presidencial Centenario Pablo Neruda 1904 – 2004.
Por Juan Pablo Leppe
1. Cuéntanos un poco de la generación a la que se te asocia y si te acomoda formar parte de ella.
En principio podría decir que me acomoda pertenecer a la generación del 60, llamada también generación diezmada, generación del 68 dada su cercanía histórica y política con la llamada revolución de mayo, aunque no haya sido una revolución sino algo así como intentos reformistas. Mi problema es que soy a la vez practicante de la escritura poética, a la vez que he sido profesor de literatura chilena e hispanoamericana, de alguna manera crítico, de alguna otra manera investigador.
En las fases formativas uno tiene mayor sentido de pertenencia a una generación, después, ante todo quienes tienen mayor reconocimiento individual y obra, tienden a distanciarse de esa pertenencia. No es mi caso, porque ante todo empecé escribiendo sobre mis amigos y colegas: Waldo Rojas, Gonzalo Millán, Federico Schopf y Omar Lara. Por último fui acogido como integrante del grupo Trilce, fundado por Omar y otros en Valdivia, 1964. Debo también recordar que el nombre diezmada se le asignó porque la mitad de sus integrantes salieron al exilio, la otra mitad permaneció en Chile. Yo compartí parcialmente ambas experiencias.
2. Tienes poca poesía publicada y tu mismo te has definido como un poeta topo. ¿Escribes poco o sólo publicas poco. ¿Corriges mucho?
Empiezo por lo último, no por presunción, sino porque es verdad: No corrijo casi nada. Por dos razones, porque soy algo displicente y porque guardo casi todo lo que escribo como sale la primera vez, es eso lo que me importa.
Por lo demás escribo de todo, todo tipo de textos, porque sin pretenderlo originalmente me he dado cuenta que eso es lo que más me interesa, los llamados discursos formales, una teoría del texto, además si quería enseñar literatura, lo que creo no es posible, al menos saber de qué estoy hablando. Debo también hacerme cargo de algunas caracterizaciones en torno a mi condición de poeta. El modelo literario original para mi era Kafka. Rehusarse a lo escrito, por eso hablaba de obra ausente. Otro modelo son los espías, los poetas o los escritores son de alguna manera espías que observan, anotan, pero a diferencia de los espías nadie les paga por eso, y tampoco saben a quién sirven. Y dentro de los espías están los topos, y la situación extrema para un topo es cuando el país al cual pretenden estar sirviendo pierde una guerra y en el peor de los casos desaparece. Sospecho que es una condición humana general. El exilio, de alguna manera, te hace perder parcialmente al país al cual perteneces, al menos la historia de los años que has pasado fuera.
3. Háblanos de la experiencia de vivir por tantos años lejos de tu idioma materno. ¿Sientes que te dio otra aproximación al castellano? ¿Podría rastrearse ese trance en tu obra?
Esos tantos años lejos de tu idioma materno corresponden a mi exilio que lo pasé en la entonces Alemania Federal, entre 1977 y 1994. Lo particular es que mi idioma materno era el castellano o español, un español de Chile. Pero éste, ya en mi infancia mantenía una pugna soterrada con el alemán, que mi padre, alemán de origen y no nacido en Chile, se empeñaba que yo lo hablara. Aquí también intervino Kafka. Una estadística del uso cuantitativo del léxico, señalaba que Goethe usaba 30.000 palabras, Kafka alrededor de 4.000. Eso me generó cierta convicción que podría con mi pobre acervo idiomático alemán ser escritor o por lo menos aprender el idioma. A los escritores y en particular a los poetas les (nos) conviene poder contrastar al menos dos idiomas. Así aprendes cuáles son las dificultades y las ventajas de tu idioma originario. Sólo el ejemplo de la riqueza de los modos y tiempos verbales en español explicitan la ventaja. La no existencia del acento ortográfico en alemán me generaron una dificultad para reconocer su uso en español. A nivel del ritmo poético hace una diferencia la mayor profusión vocálica del español frente a la mayor profusión consonántica del alemán, por ejemplo. Yo traducía, como manera de leerlos, a algunos poetas alemanes: Trakl, Stadler, Heym. A ellos sumé a Celan. Justamente uno de los pocos poemas que he escrito en alemán fue una suerte de carta a Celan, pero como poema. También escribí una elegía cuando murió Fassbinder. Mi exilio fue también afortunado porque viví y trabajé en Darmstadt y que es junto a Marburg, algo así como la capital literaria alemana. Allí se dan los dos premios literarios más importantes, y aparte que está cerca de Frankfurt, que es un importante centro editorial, basta sólo nombrar la feria del libro. Por cierto que un impacto tiene el hecho que al vivir en un país distinto al tuyo caes en la tentación de citar o de dialogar con la literatura y la cultura de ese otro país, a eso agrego que me inscribí en un doctorado de la universidad de Frankfurt. Concurrí a muchas instancias en el Instituto fundado por Adorno y Horkheimer, y asistí a clases con algunos de sus ayudantes y discípulos directos.
4. ¿Cómo ha convivido en ti la experiencia académica-docente con la creación literaria? ¿Se alimentan una con otra?
En mi caso se complementaban. La experiencia académica se nutre de la lectura, explorar el sentido de la lectura, considerar distintos modos de leer. Mallarmé escribió quizás irónicamente: J’ai lus tous les livres. Es la única manera de asegurarse que lo que escribimos es original. Hoy podemos recurrir a la nube, cuando algo nos suena a plagio o a lugar común.
Este saber es necesario en los dos sentidos, tanto como para hacer investigación original como para tener una mínima seguridad que lo nuestro, en un sentido literario creativo tiene cierta validez original. La poesía me parece hoy por hoy la única manera de trascender el lenguaje de la fe, de la ciencia, de los saberes más convencionales. El lenguaje sabe más que nosotros, Waldo Rojas dixit, el lenguaje nos regala, a veces, inadvertidamente sus sentidos omitidos, sus sentidos olvidados, sus sentidos regionales, sus sentidos históricos, sus sentidos en otras lenguas. Lo que los lexicólogos llaman acepciones o los semiólogos semías.
5. ¿Crees que la poesía sigue siendo un lenguaje vigente? ¿Qué les aconsejarías a jóvenes que comienzan a escribir?
Mientras que los poetas jóvenes lo crean, y hay algunos ejemplos, también creo que es necesario, en particular las posibilidades de explorar nuevas maneras de decir, ampliar el registro de textos posibles, de entregarnos visiones de mundo originales, matizar las posibilidades de nuestros sentidos, de nuestra sensibilidad, y preguntarse siempre qué texto conviene a nuestra experiencia y que la propia poesía explore sus límites. La poesía no puede hoy por hoy dejar de ser meta poética.
6. Para ir cerrando, Walter, cuéntanos por favor cómo pasas tus días actualmente y que proyectos te ocupan.
Yo estoy jubilado, pero sigo tratando de estar informado. Tengo un archivo de recortes que empecé hace cincuenta años más o menos, y no me atrevo a discontinuarlo. Es una vacuna contra el alzheimer. Tengo sólo tres libros de poesía, seleccionados por un criterio de extensión. El primero de epigramas, algo así como haikus, breves en general, no más de quince versos, titulado Las cosas del oficio (2007). Un segundo libro con poemas intermedios, bajo el título Güíños y peajes (2015). Un tercero, Libro breve sobre poemas extensos (2024), este último híbrido, entre textos comentados y textos propios. Estoy cerrando la escritura de poemas sobre temas míos recurrentes. Uno sobre el fin del cine, otro sobre los chicos realities, otro una historia sentimental sobre amores imposibles, otro sobre ciudades, el contraste entre Río de Janeiro y Macchu Picchu y uno que le puse El cabildo del confinado, una reflexión algo satírica sobre el proceso constituyente. Por último estoy escribiendo una monografía algo secreta y reservada, en que estoy ejercitando todas las metodologías de análisis que conozco.
Poemas de Walter Hoefler
Testamento sentimental
Escribo pensando en Lucila,
la he leído y por eso sé que no puedo escribir como ella,
con fiereza y desencanto,
con casi crueldad para mí desconocida.
Es curioso, pero soy un anciano
que no se mira mucho en el espejo,
como hijo único estoy acostumbrado a cierto narcicismo,
pero también a saber que los hijos únicos no nos aburrimos,
porque desde niños acostumbramos a inventarnos amigos
imaginarios
o a jugar con nosotros mismo.
Me lo confidenció el poeta Guillermo.
Tengo una esposa, postrada y solitaria,
la mayor de seis hermanos,
aunque no acostumbrada a sentir responsabilidad por todos ellos.
Me enseñó a medir mis palabras, me enseñó a
no despertar recelos, o lo peor los celos.
Me acostumbró a querer lo que no quería,
me acostumbró a vivir sin sospechas,
a amar y a criar a nuestros hijos,
qué más pedir diría Bolaño,
que escribo ahora sin s.
sin confundirlo con el Chapulín Colorado.
Volví a Valdivia contradiciéndome a mi mismo.
Lo dicho en un poema me hizo sentir culpable
de no ser fiel conmigo mismo,
es decir, reconocer que nunca volvería,
pero es difícil explicar porque volví,
tendría que exponer mi biografia
y no soy amigo de los espejos,
aunque sólo sean de palabras.
Por lo dicho antes no tengo con quien conversar de cosas íntimas:
el amor, los afectos, los sentimientos y quizás hasta el sexo.
No obstante respeto las ideas del amor único,
su intensidad, su desenfado, la absoluta confianza.
No obstante me contradigo nuevamente.
Las culpa no la tengo yo, qué cinismo,
la culpa la tienen las poetas y que son además inteligentes.
Son lamentablemente mucho más jóvenes que yo,
es decir el kairós: No nos puso en el mundo al mismo tiempo.
Pero yo lo acepto conforme a la verdad de las palabras y de los hechos.
La lista es corta y relativa, es sensiblera y es rotunda,
es equívoca y confusa, es amable y es discreta,
acostumbrado al binarismo estructuralista.
A ellas les dejo mi recuerdo amable y lisonjero
y que ojalá la lista no defraude mis recuerdos.
Eso sí no sé por dónde empezar,
porque hay jerarquía, todas ellas me enseñaron
los grados del afecto, los matices de la admiración,
el respeto sin concesiones al deseo o a la indiferencia.
No sé si podré seguir escribiendo
sin temor a equivocarme o a negar mis sentimientos.
Lo dejo por ahora hasta aquí,
esperando reanudar mis convicciones.
El poema no es cálculo,
Las palabras se asocian sin saberlo,
No escribo por instinto o por convencimiento.
Todo brota de un fondo indiscernible
entre inconsciente y destemplado advenimiento.
En tiempos de incertidumbre
es bueno bajar las elecciones
a decisiones con sólo dos alternativas
y aunque suene como verso
es como dije antes
inclinación por el binarismo estructuralista.
EXCURSOS (1974-1976)
HA PASADO ALGUN TIEMPO
Ha pasado algún tiempo,
conviene quizás no mezclar los sentimientos,
se trata de bechos distantes,
igualmente acallados,
igualmente más distantes.
Mantenemos la reserva,
nos hablamos con indignación al oído,
no se permiten aún las estampas.
¿Cuánto temor?
La carne es triste, y también genera heridas.
APENAS LOGRO BALBUCEAR
Apenas logro balbucear
que las golondrinas hacen verano.
La tierra se somete a los efluvios
del crecimiento, germina,
germina nueva vida, tierna hierba.
A esta bora sé que la cara de algún amigo
mío crepita, retorna a su intima
identidad con la tierra,
años antes que de nuevo germine,
que su pensamiento, su acción germinen.
No pasará mucho tiempo, eso espero.
Nada será igual, ya lo he dicho,
entonces sabremos qué hacer,
no habrá nada de que arrepentirnos.
ESA ALEGRÍA NO ES NUESTRA
Esa alegría no es nuestra,
no nos pertenece,
no deseamos tampoco que la nuestra sea igual,
no seremos los mismos para celebrarla,
nuestros muertos son menos falsos,
son muertos de verdad, no mitos.
Nada será igual, ellos nos enseñaron,
sobre todo a no consolarnos,
con falsas esperanzas.
