Sergio E. Avilés: “El Festival Desde los extramuros del mundo fue maravilloso”

 

Sergio E. Avilés: “El Festival Desde los extramuros del mundo fue maravilloso, una reafirmación de que para hacer cine y dejar huella lo que cuenta es la pasión, más que el presupuesto”

 

Por: Pepe Mejía

Sergio E. Avilés no es un clásico en el sentido estricto de la palabra. Para empezar, nació en el Saltillo (México) cuna de revolucionarios. Viene de tierras que están más cerca de Texas, en Estados Unidos, que de México. En 1976 tuvo una gran repercusión en Latinoamérica con su tira cómica Ping Pong. Amante de la poesía y las letras, su novela “El nombre del gato” fue “desenmascarada” por el Hijo del Santo, conocido luchador mexicano.

Sergio E. Avilés pasó por el Festival Internacional de Cine Independiente “Desde los extramuros del mundo” y, desde la ficción, rompió con todos los estereotipos con su magistral obra “Galatea”.

Pregunta.- En la primera edición del Festival Internacional de Cine Independiente “Desde los extramuros del mundo” el público premió a su película Galatea como la mejor en ficción. ¿Por qué cree Usted que la gente ha votado por su trabajo artístico audiovisual?

Respuesta.- El modelo de cine que adopté en Galatea es el de Woody Allen: Una historia muy humana y sencilla, dulce y tierna con toques de fantasía. Música hermosa y paisajes urbanos y rurales extraordinarios. Eso siempre lo aprecia el público. Allen presume New York, París, Barcelona. ¿Por qué no presumir Saltillo y Villa de Patos en Coahuila? El principal valor de esta película es la ingenuidad de haber aprovechado una obra pública en proceso para integrarla en el argumento de la historia. Como cine independiente, hubiera sido imposiblemente caro realizar el movimiento de la estatua por cuenta propia. El tener una música original tan bella ayuda, así como los escenarios naturales y oficios del estado de Coahuila en México. ¿Cómo no mostrar nuestros dinosaurios, nuestros danzantes, nuestros recursos extraordinarios como el Agave lechuguilla?

P.- La verdad que el argumento es muy sencillo. Un hombre se enamora de la estatua situada en la plaza de su pueblo. Y ese hombre está empeñado en casarse con ella. ¿Cómo se le ocurrió o cuál fue el proceso de su guión?

R.- Que una estatua que toda mi vida había visto a diario camino a la escuela de pronto ya no estuviera, enterarme de que iba a regresar “reloaded,” restaurada por dos grandes artistas, fue suficiente para saber

que tenía que hacer algo y eternizar ese momento histórico de mi ciudad. Manuel no está enamorado de la estatua. Es un cínico que no desea comprometerse y sentar cabeza, lo que los adultos ven apropiado para alguien de su edad. Inventa la idea de tener una novia y les da una lección a sus compañeros. Algo que lo delata es el hecho de que al despedirse de ella no la besa con mucha pasión; ya logró su cometido. Quizá no vaya a llamarle nunca otra vez. Al mismo tiempo él se lleva una sorpresa porque su “estatua” va dando vida a todo lo que toca, algo que pasa cuando se encuentra al amor verdadero. Y aunque es un detalle cómico al final, aquella aventura suya le puede haber costado la vida a uno o ambos quizá de sus amigos…

P.- En su opinión ¿cuáles son los elementos que debe tener todo trabajo de ficción para mantener la atención del público?

R.- Personajes atractivos. Escenarios encantadores acordes a la historia. Una historia sorprendente a cada paso con giros constantes y un final; una conclusión definitiva por parte del creador. Odio los finales inciertos que se dejan a la responsabilidad del público.

P.- ¿Cuál es su película preferida en ficción?

R.- Eso es como comer cabrito. El mejor cabrito que he comido en mi vida es el del momento. Los pasados ya fueron y los que vienen aún no llegan. Es imposible no admirar un trabajo dulce y bien hecho como, en Chile por ejemplo, el de Dominga Sotomayor en Tarde Para Morir Joven. Aunque, repito, odio los finales abiertos. Como actor, Jorge Jiménez, el Manuel de Galatea, acaba de terminar No Man’s Land, un drama de un migrante gringo en México que vale la pena de ver. El Secreto de sus Ojos de Juan José Campanella o El Crimen Ferpecto de Alex de la Iglesia. Pero también admito que admiro muchísimo a Guillermo Arriaga y de su obra me quedo con Los Tres Entierros de Melquiades Estrada… Hasta ver su siguiente.

P.- ¿Puede hacerme una valoración de los otros trabajos presentados en esta categoría de ficción en el Festival?

R.- Me impresionaron mucho los documentales. El hecho de que haya jóvenes interesados en esos temas y la forma tan profunda en que los trataron, con respeto a la tierra donde estamos parados. Creo que tal es el espíritu del festival y del premio Pewen; madera sagrada, ancestral Araucana… Pero ésa no fue la pregunta. Pequeñas niñas. Para mí la directora es una niña, y trabaja con otras niñas aún más pequeñas en una delicada fantasía sólida y fuerte. Muy enternecedora historia que nos remonta a la infancia y a los monstruos que temíamos debajo de nuestra cama. Igual que Elisa, donde es más real el miedo. Me reí muchísimo con el absurdo del Hijo de Perro. Además filmada de una manera estupenda, casi como en 8mm, diría. Subversivos me pareció un ejercicio interesante, complicado para hacerse de manera independiente. Es admirable lo que lograron. Me sentí fuera de lugar un poco; quizá el más viejo de los directores participantes, pues abundan los chavos. Pero a la vez todo el festival fue maravilloso, una reafirmación de que para hacer cine y dejar huella lo que cuenta es la pasión, más que el presupuesto.

 

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