Una presentación para Los Árboles

[Texto leído en la presentación del libro Cuando los árboles se olvidan del otoño (Antros Ediciones, Talcahuano, 2011) del poeta Ivo Maldonado, realizada el 29 de julio en el bar Estación Terminal, Santiago, Chile.]

 

 

Por Antonio Rioseco Aragón

En el momento en que Ivo Maldonado me propuso hacerme cargo de la presentación de su libro en Santiago, no había tenido aún la oportunidad de leerlo, y sólo tenía una vaga noción de la escritura que podrían albergar sus páginas. Pero en el contexto de una conversación que tuvimos tiempo atrás, me fue relatando algunos aspectos de la creación de este poemario: el lugar físico en el cual fue escrito, la situación anímica del poeta y el escenario urbano que cobijó la escritura y que -por cierto- penetra también sus poemas. Esa conversación la sostuvimos en Los Ángeles, mi ciudad natal, en la que me encontraba de paso el verano pasado. Ivo llevaba unos meses allí en una temporada de reclusión voluntaria, esperando nuevos rumbos y aires, tiempo que aprovechó dedicándose a la escritura. Cuando los árboles se olvidan del otoño, disparó con seguridad el título del libro que estaba por publicar, pero a la vez con humildad prosiguió: “que fue escrito en esta ciudad que es más tuya que mía”. Desde ese momento y antes de que su libro llegase a mis manos, fui construyendo en mi mente una idea de cómo serían sus textos basándome en aquella conversación y en el título. Me había señalado también las lecturas que circulan en el poemario y que recorren espacios comunes a las mías, haciendo un puente entre parte de la tradición chilena y cierta poesía norteamericana, con Sergio Hernández, Rojas, Wallace Stevens y Rexroth silbando en nuestros oídos.

Y tiempo después tuve el libro en mis manos y se me presentó el enriquecedor ejercicio de confrontar la poesía de Ivo con esa imagen que me había figurado, que, por supuesto, se relaciona también con mi propia escritura. Reafirmé en la lectura del libro ciertas ideas que me venían dando vuelta, como la observación y la reflexión agudas y certeras de la realidad, que se hacen a partir de una voz subjetiva que no pretende dictar sentencias.

Para partir ya hablando del libro, quiero señalar que el título podría tender la trampa de cerrar un poco la lectura o, más bien, dar coordenadas inexactas si es que se lee con ligereza. Me refiero a que tanto el olvido como el otoño que figuran en el título le otorgan inconfundiblemente un aura melancólica y, claro, se condice con esa soledad y reclusión de la que hablaba al principio, al referirme a las condiciones de escritura del mismo. Sin embargo, aquí nos encontramos con una escritura que explora otros espacios de la poesía, donde las lecturas y la reflexión sobre la vida y la condición humana se hacen presentes en poemas que fueron escritos para una lectura que sea capaz de pararse frente a la vida misma. Esto no quiere decir que el realismo que está presente opaque la utilización de un lenguaje poético rico en metáforas u otras figuras retóricas, que claramente no sólo tienen una finalidad estética, sino que generan también un nexo entre primeras y segundas lecturas, es decir, le otorgan un velo estético a un lenguaje con profundidad. Podría decir que el sentido que genera el olvido que los árboles hacen del otoño enfrentaría, por un lado, una pérdida de la memoria de la naturaleza y la vitalidad, pero, por otro, la convicción de que es un tiempo que corre sin contemplaciones para la nostalgia vaga, pues se enfrenta con entereza la decisión de no caer, lamentarse o deshacerse simplemente de las hojas. En este sentido, la caída o el descenso que representa el otoño como tópico tienen varias lecturas en el libro.

Al guardar, los poemas de Ivo, una relación con la realidad social, con la observación del país y su historia y la historia de todos, el decadentismo de una realidad que se desmorona es enfrentada por el poeta dejando en claro la posición de una escritura que asume el riesgo. Cito:

Escribir es un desafío de acróbatas
a veces se tiene una caída libre

Pero es también una mirada que no rehúye, ni menos quiere dejar escapar a los ojos de quienes persigue, pues quiere hablarles, contarles cómo ha sido estar lejos, retirado, pensando en ellos. El libro que se arma como un único poema fragmentado y asediado por los numerosos epígrafes, va marcando un tránsito desde los espacios interiores de la lectura y la reflexión hasta los de la ventana y la calle, las relaciones interpersonales truncadas y la nunca bien ponderada esperanza de compartir un trozo de vida en comunidad.

Acércate a mi primer acto

señala Ivo,

estará la radio/ la televisión
Los días serán largos/ siniestros

Acércate a mi primer acto
juvenil/ amable/ silenciosa
Recuerda que todos somos inocentes

Por otra parte, la poesía otoñal se presenta también en el libro a través de la distancia que guarda de la adolescencia, ya que no es añorada ni vista como un espacio vital fijo, sino puesta más bien en entrecruce tanto con la vitalidad como con la angustia presente, asumiéndose una relación inconclusa con la memoria, es decir, no existe el recuerdo como una entidad fija porque es asediado sin miramientos desde el hoy.

Volvamos en busca de la luna
sin más anhelo que una pistola
Rayemos todo el cielo de memoria
para poder encontrar la luz

Detrás de cada derrota
duerme una pesadilla
que hunde sus cicatrices
en el mismo pañuelo

Quiero también referirme en estas líneas a la poesía de Ivo Maldonado en perspectiva, esto en relación a sus trabajos anteriores. Es una constante en su poesía la búsqueda de un lenguaje llano y próximo a un lector amplio, asumiendo temáticas que atañen no sólo a un iniciado en la poesía, sino también a aquellos y aquellas que desean verse en un diálogo con una escritura que les interpela e interpreta. No obstante, creo que en el libro que hoy presentamos hay un mayor riesgo, quizás un ejercicio de libertad creativa que no espera la retribución inmediata de la lectura fácil, pues aguarda el amable decantar que el tiempo le otorga a la escritura.

La estructura del libro también es un acierto, pues se compone de fragmentos que funcionan a veces por separado, a veces juntos, y que parecieran susceptibles de ser constantemente reordenados para jugar con sus sentidos. Se puede ir y volver en la lectura moviéndose a discreción por las páginas sin temor de perder la unidad propuesta por Ivo.

Para terminar, me tomo la libertad de juntar algunos fragmentos de Cuando los árboles se olvidan del otoño para hacer una especie de remezcla, y así componer la síntesis de mi lectura:

¿Cuál es la diferencia entre cementerios/
plazas de armas/ oficinas proempleo?
Esta generación se está perdiendo
entre el clonazepan y las cervezas de litro.

Ante tal destrucción
ocultarnos era el único acierto

El ruido de los ataúdes por la mañana
no era un ruido común
era el ruido de halcones chillando.

Ya no hay voz
no hay voz
sólo monedas
persiguiendo aplausos
chocando contra el cielo.

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