MARCO MALDONADO – ME LO DICEN TUS OJOS

 

Era alrededor de la medianoche en el bar. El ambiente estaba impregnado con olor a cigarrillo y licor barato, el ruido de la gente conversando se entremezclaba con la música pop tropical que allí sonaba, las luces eran tenues, el clima cálido contrarrestaba con el frío que hacia afuera.

Estaba Víctor bebiendo su quinta cerveza, al hacerlo no podía dejar de mirar a la rubia sentada sola en la barra bebiendo una copa de sangría, vestida de rojo, ojos cafés claro, espectacular cuerpo, actitud imponente. Él estudiaba cada movimiento de ella, para así ver la mejor forma de abordarla, en los 45 minutos que llevaba allí sentada ya se le habían acercado dos tipos sin ningún éxito. La confianza de Víctor era inquebrantable, para conquistarla estaba decidido a usar su mejor arsenal, siendo sus mejores armas la confianza y su sonrisa. Entre pensamiento y pensamiento de repente le invadió una sensación de nervios, su pierna derecha empezaba a moverse sin parar, y las manos le sudaban, tal vez la belleza de la chica lo intimidaba un poco, o tal vez había perdido un poco de práctica en sus conquistas nocturnas.

Esta era su primera salida después de haber terminado su última relación hace 9 meses. Luego de superar la depresión post-relación toxica decidió que era hora de volver a salir al ruedo. En sus tiempos de soltero había sido un hábil “cazador”; normalmente le gustaba salir solo, decía que así se desenvolvía mejor en su arte de seducción, le excitaba volver a las andanzas, pero no podía negar su nerviosismo para esta ocasión. Cerro los ojos unos segundos intentando imaginar un escenario de conquista que le fuera favorable. Tomo valor, dos sorbos de cerveza y se levantó de su silla, poco a poco caminó hacia ella, lento y seguro mirándola fijamente en todo momento. Víctor empieza con su parlamento:

 

– Soy guapo, extrovertido, cocino, lavo, plancho y me dejo pegar

 

A lo avezado le sumó una sonrisa imponente y además apoyo su brazo sobre la barra mostrándole a la rubia lo cómodo que estaba.

 

Ella quiso contener la risa, pero al final no pudo, luego intento ponerse seria y le dijo:

 

– Te faltó decir que eres vanidoso, y a mí los hombres vanidosos me fastidian

 

La intrigante mujer dijo esto para luego beber un sorbo de su copa intentando mirar hacia otro lado.

 

– Quería robarte una sonrisa y por lo visto lo conseguí

 

Víctor intenta hablar despacio y con voz sutil. Ella no le respondió. De repente le regresó el nerviosismo y pudo notar como algunos de los presentes en el bar lo miraban con suma atención, esto en vez de intimidarlo le dio fuerzas para continuar:

 

– ¿No sé qué haces en un bar como este? Aquí se escucha reguetón y música tropical, a usted le gusta el rock.

 

Luego de haber dicho esto la mirada de la rubia se desvió hacia Víctor, ella clavo sus ojos en él y con suma curiosidad le preguntó:

 

– ¿Cómo sabes que me gusta el rock?

 

Víctor con aires de galán, se hace el interesante y prosigue:

 

– Me lo dicen tus ojos, ellos nunca mienten, me contaron esa historia

 

Realmente Víctor había notado que la chica tenía una pulsera de la banda “The Doors”, y pensó en jugarse esa carta. La mujer se inquieta, alza su barbilla, se toma el cabello con sus manos y lanza otra pregunta:

 

– ¿Que más te dicen mis ojos?

Víctor se tomó unos segundos aprovechando que ahora había captado su atención, posó su mirada en ella, la miro a los ojos como examinando cada punto en sus pupilas y le dijo:

 

– Mirando tus ojos me cuentan que eres una persona sencilla, muy romántica, aunque no lo demuestras en principio a nadie, te has impuesto una coraza para protegerte, para alejar de ti a personas que pudieran hacerte daño. Eres sentimental, te afecta lo que la gente te pueda hacer o decir, aunque intentas demostrar que eres fuerte, eres una persona noble que cuida mucho de los que amas, odias las mentiras. También tus ojos me cuentan que tienes un dolor fuerte del pasado, talvez perdiste a alguien o te rompieron el corazón

 

Luego de escuchar esto la chica quedo en silencio por unos segundos sin saber que decir, pensaba que el tipo tal vez la conocía de otro lado, o talvez poseía una capacidad de percepción que no había visto antes en otro hombre. Nada de esto era así, lo que sucede es que Víctor había cursado hasta sexto semestre de psicología y entendía mucho del comportamiento humano, por ejemplo algunas de las características que le había dicho son muy comunes en un 90% de las personas según varios estudios que había investigado y otras características que mencionaba (las positivas) era más bien la forma en que nosotros queremos que la gente nos perciba, en resumen había utilizado sus conocimientos de psicología para intentar seducir a aquella chica y al parecer lo estaba logrando. Ya para este momento Víctor tenía el ego de una estrella de cine, pero aparentando humildad y sencillez, continua:

 

– Te quedaste en silencio ¿logre atinar en algo?

.

La rubia asienta la cabeza sorprendida. Ambos empezaron a contarse detalles de la vida de cada uno, Víctor le contaba que trabajaba como supervisor de ventas en una empresa de electrodomésticos, que amaba los perros (esto era mentira, aunque pensaba que a ella le debería enternecer), que tenía casi un año de haber terminado su última relación, que era hijo único, practicaba surf, boxeo, también le comento que era su primera vez en ese bar. Ella en cambio le contó que se llamaba Paola (por fin la rubia ya tenía nombre), que tenía 24 años, estudiaba para tripulante de cabina, le encantaba viajar (obvio), practicaba ciclismo, yoga, tocaba el violín y así mismo como Víctor ella también era hija única.

 

Se rieron un buen rato y las varias rondas de tequila que Víctor había pedido para ambos ya empezaban a surtir efecto. Las bromas de ellos comenzaron ser un poco estruendosas, ya la gente del bar los empezaba a mirar raro. Fue en ese momento en que Víctor le rozó levemente el brazo y le preguntó:

 

-Te invito a tomar algo fuera de aquí?

 

Paola sonríe como muestra que está de acuerdo, toma su bolso y se dirige al tocador. Víctor por unos segundos cerró sus ojos para disfrutar el momento, infló su pecho para tomar aire y exhaló, al abrir sus ojos se encontraba sentado solo en la mesa con su botella de cerveza. Frente a él en la barra seguía la rubia sentada sola bebiendo su copa de sangría con actitud imponente. Su cerebro le había jugado otra vez una mala pasada, luego de que todo había sido tan real.

 

Algo desairado y triste pagó la cuenta, se levantó de la mesa dispuesto a retirarse, había dado dos pasos hacia la puerta de salida cuando de repente un pensamiento se apoderó de él, se volteó, miró fijamente a la rubia sentada en la barra por unos segundos hasta que ella se pudo fijar en él y luego Víctor grita:

 

– ¡Paola!

 

La chica lo miro de pies a cabeza y con suma extrañeza le preguntó:

 

– ¿Cómo sabes mi nombre?

 

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SOBRE EL AUTOR

Marco Maldonado nace en Guayaquil en el año 1983. Ingeniero Comercial de profesión, se interesó en la escritura de historias cortas a raíz del confinamiento de la pandemia. Bajista en el grupo musical Xtraditados, cinéfilo, aficionado al ciclismo, padre de 3 hijos.

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