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AÑO 5 - 2024

Sobre Tiananmen o de cómo despedirte de ti mismo, de Ivo Maldonado

Ángel Emiliano

Es frecuente que los tópicos más relevantes de las producciones literarias (y, para lo que nos ocupa ahora, de las producciones poéticas) mantengan correspondencia con los aspectos nativos de su autor –su lengua, cultura, costumbres o historia– aunque no siempre sea del todo así: las fronteras geopolíticas e imaginaras que se han impuesto no logran contener los alcances del género –alfabeto inacabado, lenguaje primigenio– por lo que no debe sorprendernos que, sea cual sea el origen de las formas, las pasajes recorridos, el nombre de las cosas… el contenido –si es poesía auténtica– atravesará sin dificultad el corazón genérico del hombre.

Si bien es cierto que el libro es una fuente de referencias orientales, su lectura, aunque entraña ciertas exigencias de orden culterano para construir con fidelidad las imágenes que los versos sugieren en este tour dinástico, del tiempo y los espacios, no son representan estrictos requerimientos para comprender los motivos e intenciones que dan consistencia a las páginas de Tiananmen, del poeta chileno Ivo Maldonado. Publicado por primera vez por Editorial Casa Bukowski, en 2020, este título se valdría una segunda edición a cargo de Escarabajo Editorial en 2022.

Hay que aclarar que aunque los poemas que se reúnen en el libro de Maldonado tienden a la construcción figurativa, el velo de seda –oriental–, de fragancias lentas –antiguas–, de colores incendiarios –vivos–, en última instancia son la superficie de sus revelaciones y el pretexto para erigir una correspondencia entre el mundo interior del poeta y el mundo exterior que experimenta, aunados siempre bajo la visión ulterior, conciliatoria, del ejercicio poético –sin yuxtaposiciones que vulneren la unidad sonora o la imagen que recrea a través de cada verso, esto es, sin un problema dicotómico entre la voz individual y su conversión en experiencia colectiva. Lo cierto es que estos fuertes contrastes advierten que la locuacidad y el ritmo con que se estructuran los poemas responden a una estética de la dualidad que, en términos de Maldonado, no pretende una radical muestra de maniqueísmo, sino que esta alusión interna, constante, a la brecha entre ambos extremos, tiene por fin denotar que estos límites –imaginativos, por lo demás, como cualquier frontera– son un precepto que se origina de las contradicciones dialécticas de la existencia, que lucha incansablemente por un sentido de pertenencia –y permanencia– para asirse y, también, justificarse a sí misma.

Abandonados a nuestros deseos, pasiones e imaginaciones, la vida, tal como la conocemos, siempre se asemejó más a un pasado inaccesible que a un presente o un futuro. Un Siddhartha Gautama que sólo existe en función de eco, donde lo que se ha venido a llamar yo poético renuncia a todo protagonismo para asumir su papel extradiegético, como un simple velo que adquiere la forma de lo que cubre, quizá como el vaso de Gorostiza que, a recordar, su analogía evoca como el orden y la forma. La certeza de que este orden no es más que el producto de una realidad material que no se corresponde a nada ulterior ni omnipotente, de manera que el ser no se cumple (en un sentido que incluso hace llamamiento a la teoría aristotélica de la sustancia, que surge de la materia y la forma). Finalmente, la ausencia del orden y el caos de la materia solitaria, traduce que el yo poético (el yo a secas, además, y en correspondencia a las preocupaciones filosóficas del intradiscurso de Tiananmen), queda desahuciado en la caótica y oscura libertad de la materia amorfa; inaprensible, incluso, para el sortilegio de la palabra.

“[…] Silabarios escritos en huellas de pájaros / El miedo de sentirme tan pequeño / Entre la multitud dispersa.”[1]

Reinventada la forma de aprehender y articular las visiones del mundo (ese bosque de símbolos, como lo llamaba acertadamente Baudelaire),  trascender las barreras ilusorias del ego resulta uno de los aspectos más afortunados del libro, en tanto lo dimensiona en un juego caleidoscópico que desconoce los extremos rígidos de la palabra conceptual, de la imagen estática, y que alimenta una semántica de la búsqueda y el escape, de la soledad tremebunda y las ausencias que nos acompañan, traduciendo su voz a la voz del mundo porque, cuando nos dice “No tengo sueños por despertar!” o “Un pequeño me saluda en Plaza / Tiananmén.”, no es el autor el dueño de esta experiencia, ni tampoco de aquellas palabras: su consciencia se vuelve colectiva, producto de las miríadas de todo lo que hemos perdido para poder encontrarnos, como “Un Oso Panda extraviado en el Zoo / de Beijing.” El tono general del libro guarda una cadencia emotiva, nostálgica, que fortalece la percepción sucedánea que se tiene de las cosas: reconociendo la naturaleza de la transitoriedad, el entorno se desvanece en el ejercicio de la nominación sensitiva. Todo lo que se puede nombrar no existe.

Para quienes leen por primera vez Tiananmen, cabe el señalamiento de que la inmersión inicia en el momento paradójico en que no nos reconocemos en sus páginas, cuando ni siquiera hemos advertido que la catarsis ha comenzado. Se trata del adiós continuo, de no terminar de habitar nada nunca… del vaivén versificado de los transeúntes de la impermanencia.

BIBLIOGRAFÍA:
MALDONADO, Ivo, Tiananmen, Escarabajo Editorial, Colombia, 2022.

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Ángel Emiliano (Zacatecas, México, 1995)

Escritor de cuentos, ensayos y reseñas. Es licenciado en Letras por la Universidad Autónoma de Zacatecas y egresado de la Maestría en Competencia Lingüística y Literaria por la misma universidad. Ha colaborado con distintas publicaciones en revistas físicas y digitales de arte y literatura. Fue uno de los participantes del Segundo Festival Internacional “Wine and Poetry”, celebrado en Chile en 2024.


[1] Ivo Maldonado, “Adiós Pekín” en Tiananmen, Escarabajo Editorial, Colombia, 2022, p. 22.

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