Tiananmen, De Ivo Maldonado, Por Matías Escalera Cordero

Como afirma Juan Carlos Mestre en el bello prólogo de este libro, Ivo Maldonado ha hecho algo que, en efecto, está «lejos de todo modismo y habitado por una fulgurante presencia de signos, de nuevas semánticas que amplían los horizontes significativos del porvenir…» Y mira que era fácil caer en esa enorme cantidad de lugares comunes de las nuevas chineries y japoneries que nos amenazan, desde hace un tiempo, en cada esquina de la poesía “cateto-cosmopolita” que nos acecha en los recovecos más insospechados de los suplementos y de los saraos literarios de la pequeña clase media poética o en los más altos salones de la más refinada élite literario-mediática.

Chinerías o japonerías en las que jamás se encontrarían encabezando alguno de sus finísimos y exquisitos juegos de palabras, o de imágenes vagarosas y sutilísimas –imposible imaginárselo–, esta cita que encabeza justamente este poemario:

«Una revolución no es una cena, o escribir un ensayo, o pintar un cuadro, o hacer un bordado; no puede ser algo tan refinado, pausado y dulce, tan templado, amable, cortés, contenido y magnánimo. Una revolución es una insurrección, un acto mediante el cual una clase derroca a otra.» Mao Zedong

Este Tiananmen, del poeta chileno Ivo Maldonado –que pronto tendrá una edición española en la editorial madrileña Huerga y Fierro–, no se confundan, este breve poemario de apenas treinta páginas es, sin embargo, un delicadísimo juego de estilo poético, un hermosísimo ejercicio del más alto aliento lírico…

… No tengo sueños por despertar!
Mi nombre fue estampado en un pez inquieto
Que se oculta detrás de una piedra
En el fondo del río
… /…
No tengo sueños por despertar!
La quietud es mi único pasaporte
El vuelo de un cuervo enfrentado a la tormenta
Un Oso Panda extraviado en el Zoo de Beijing.

Es poesía pura, no una vulgar excrecencia turístico-culturalista tan propia de ese cosmopolitismo de turista/poeta/viajero que se ve a sí mismo como un sin par poeta/aventurero, o nuevo Pierre Loti de “Viajes el Corte Inglés”, a los que afortunadamente la pandemia ha dejado, por un tiempo, en sus casitas (algo bueno tenía que tener el puñetero virus).

LA INVASIÓN DE LOS LOBOS
 
No hay bomba atómica que destruya la primavera.
El hombre ni con sus anteojos derrotó al relámpago.
Así venimos trepando, encrucijada de eclipses.
Humo de las piedras.
 
No hay guerra que resista el poder de la naturaleza.
Caídas desde el resplandor hasta el abismo.
En Pekín la nieve es obscura como la luz agonizante.
 
No hay más que adentrarse en este breve jardín de versos de tan rara densidad de sentidos para darse cuenta de que el autor no se ha comportado ante el espectáculo de la exótica, para nosotros, inmensidad de la vieja y de la nueva China, como uno de esos pesados impostores de la delicadeza oriental.

Porque dentro del poeta vive una lágrima y un planeta de golondrinas y boletos tachados… Esto es, un deseo insobornable de sincero diálogo con el encuentro y la experiencia del otro y de lo otro, sin mistificación ni paternal conmiseración.

Mi gran corazón ha vuelto a latir.
No hay bandera más roja que lo alimente.
Su sed es una Bóveda Imperial en el Templo del Cielo.
Desde ahí practica Tai Chí o juega al póker chino,
con su caligrafía de agua en la Ciudad Prohibida.
 
Un pequeño me saluda en Plaza Tiananmén.
 
Mi gran corazón ha vuelto a sonreír.
Cinco mil años pasaron desde entonces.

Pero Tiananmen, de Ivo Maldonado es también un libro de amor…

Eres una Pagoda de Aire
Que alimenta mis aves de lluvia.
Tu sangre es el puente de madera
Por donde transito ebrio
Y a exceso de velocidad.
 
Lo que lo hace aún más valioso y lo que confirma esta apreciación inicial, el que este poemario es fruto de un corazón abierto y auténticamente cosmopolita, que no se deja dañar por la más ligera tentación de exotismo. Y esto, créanme, es tan difícil. Se necesita tener un inmenso respeto al otro y a lo otro, para no concebirlo como algo exótico a nosotros mismos, sino como nosotros mismos; precisamente, el respeto del que adolece la mirada turística.

Finalmente, Tiananmen, de Ivo Maldonado es un libro en donde el yo y el nosotros se aúnan, en donde el adentro y el afuera se funden en un todo imbricado y armónico.

Quiero una calle que tenga tu nombre Ann Cocó.
Una calle nítida y sonriente como tus ojos rasgados y negros
Donde puedan transitar hadas y duendes.
Quiero tu ternura invadiendo naciones.
Un bombardeo de caricias en el corazón de los villanos.
Un ataque sorpresa a los dictadores del mundo.
Una bomba atómica de besos en la frente…

Porque, al fin y al cabo, Toda escritura es la reescritura de un naufragio / Toda escritura es la derrota de un horror / Toda escritura es el comienzo del fin. Algo paradójico, tal vez, pero cierto.

Reseña: Matías Escalera Cordero
Obra: Tiananmen, Ivo Maldonado, Casa Bukowski, Chile, 2020.

Matías Escalera Cordero (Madrid, 1956) es un escritor versátil: poeta, novelista y dramaturgo. Ha publicado las novelas Un mar invisible (IslaVaria, 2009) y El tiempo cifrado (Amargord, 2014); la colección de relatos Historias de este mundo (Baile del Sol, 2011) y los poemarios Grito y realidad (Baile del Sol, 2008), Pero no islas (Germanía, 2009), Versos de invierno: para un verano sin fin (Amargord, 2014) y Del amor (de los amos) y del poder (de los esclavos) (Amargord, 2016), y Recortes de un corazón herido: por la esperanza (Huerga y Fierro, 2019). Es asesor internacional de la revista de filología Verba Hispanica, editada por la Universidad de Ljubljana, de la que fue profesor. En 2019, apareció una antología bilingüe de su obra, titulada Poemas del tiempo y del delirio / Poems Of Time And Delirium, en la editorial neoyorkina Artepoética Press Inc.

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