MARÍA ÁNGELES MAESO – COMO SI FUERA PÁJARO

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Por Matías Escalera Cordero

María Ángeles Maeso es una de las voces más hondas y sensibles de la poesía española, desde hace tres décadas. Su exquisito sentido de la dignidad intrínseca de lo humano y de lo vivo se manifiesta, no solo en lo que concierne al tratamiento de aquellos aspectos materiales que tienen que ver con nuestra vida social y colectiva, sino también de aquellos que pertenecen a las recónditas estancias de nuestro espíritu, de esas emociones que conforman nuestra íntima mismidad, de la que los objetos, por humildes que sean, y los seres vivos que nos rodean y nos constituyen, por ajenos e insignificantes que parezcan frente a la descomunal máquina/mundo –o imperio– que nos amenaza, también forman parte. Valgan estos poemas como botón de muestra y ojalá que como puerta de entrada, para el público americano e hispano, en general, a su obra.

PRIMAVERA NUEVAMENTE

  La flor señala el crimen

 con callado rubor. Blanca Varela

 

Hora a hora el suelo se está abriendo.

Lo saben la piel del alma y la de un zapato.

Lo saben en las afueras de Madrid y en Barcelona

y aquí, cada labrador lo sabe.

 

Vamos, vemos que obstinadas hierbas

y nervios diminutos,

entre un corazón de roca, abren su senda.

 

Hora a hora, un insignificante tallo

se atreve cada marzo

a mirar de abajo arriba,

 

atraviesa el granito o el asfalto,

sortea la metralla, el peso del tractor

y el de las terribles miradas…

 

Simplemente asoma,

y en el aire deja su denuncia y su convocatoria.

 

Vamos, vemos que sucede a cada hora.

Sólo es el imperio quien desprecia cuanto ignora.

 

[De Vamos, vemos. 1ª Ed. Celya, 2004; 2ª Ed. Lastura 2014]

COMO SI FUERA PÁJARO

 

El asesino, virtual;

                                             las balas,

virtuales;

                                              la cabeza,

real

mente

destrozada. Salustiano Martín

 

 

Tú, que te mueres por decir nosotros,

prueba con el puñado de esdrújulas

que cada mes se caen con los ojos

empapados de vértigo y cemento.

 

Esta vez la viga de hierro le ha partido

el alma y todo lo demás

a uno de los nuestros. -Déjalo así.

 

El que subió a la construcción como si fuera único

tenía una edad como la tuya,

igual número de hijos,

tu mismo contrato temporal

 

y una jornada tan completa como tú

de piedra y máquinas al aire.

 

Cualquiera muere a contramano interrumpiendo

el sábado. Cualquiera, vislumbrándose de tierra,

dice nosotros y queda igualado.

 

Pero antes, en vivo, ¡qué falso el falso suelo!

Qué postizamente suena ahí mismo:

en las paredes tímidas del vecino,

 

prójimo devuelto a tembloroso pajarito

de olfatear grisú,

a ranita detectora del génesis,

a mula camicace o simplemente a piedra.

 

En vivo, probad en alto andamio los plurales

y ved quiénes son

los que una y otra vez tropiezan con el sol

y, estruendosamente, del nosotros,

caen.

 

[De Basura mundi Ed. Huerga y Fierro, 2008]

3

Todo invierno incuba la palabra halda

en su red de niebla. Pero madre está asustada.

Atardeceres, semanas, soles de vuelta entera

que está asustada.

A Ifigenia le duró apenas unas horas,

pero no a quien le ponen tan alto tabernáculo.

 

No se trata de zurcir un pantalón

ni de hacer una colada,

no es un trámite cualquiera,

no se hace poniendo la cabeza en otro sitio.

En ningún sitio. En qué hectárea de soledad

hay formas que mantener.

Esto no se atraviesa y a otra cosa. No hay más.

O sí. Tanto que decir.

 

Como tiras de cortinas muevo sus labios

y me asomo a su mirar. Los tábanos

son una bendición

comparados con sus pensamientos.

 

(Fui persona y lo recuerdo)

 

Una alegría las avispas

al lado de todo lo que puja y puja por salir.

 

(Fui persona y lo recuerdo. Fui mujer)

 

Los tábanos. Zumba que te zumba

consiguen hacer un agujero entre los surcos

y algo despunta en briznas,

algo enredado da la cara y silabea.

 

(Fui persona y lo recuerdo.

Fui mujer y labradora.

Algo de aquello

Que por los ojos de las mulas

aún se ve)

 

Aunque la encina, aunque la vaca

se pusieran a buscar su corazón

mirando con las ramas el alto cielo,

un crepitar de lengua estofada para otros

lo apagaría de inmediato.

 

¡Qué drías tú! ¿Ella ha dicho yo?

Clavada en su parcela, ha dicho ¿qué?

Hoy todo sucedió de golpe, cuando insistí:

 

Soy yo, la mayor.

Y ella: ¡Tanto yo, tanto yo!

¿y quién te crees que eres yo?

 

[De ¿Quién crees que eres yo? Huerga y Fierro, 2012]

 4

 -7:30-

En el archivo de Ícaro:

desobediencia a la autoridad,

delito de esperanza

en grado de tentativa.

 

No constan las pacientes teas

sobre el estudio de las aves, la cera

y las abejas. Ni la brea derretida,

lanzada en gotas por su espalda.

Ni la ardiente orina de los hoolligans.

Ni la bota magnum de los de inteligencia.

 

Pero no te des de baja,

memoria de pluma descosida:

 

De Ícaro, matasellado en bruto,

en una sobredosis de islas CIES O FIES,

tampoco su muerte consta.

 

[De Puentes de mimbre (Ed. Huerga y Fierro, 2017]

5

Pero la noche es una rueda orante
que chirría en la jaula de un ratón
anaranjado.

Es un remirar de serpiente hartada
por las arenas venideras, mientras
los niños, abrazados a los osos,
duermen.

A veces, huele a gas, creedme.
Y todo es clamor bajo la luna.

 

[De Trazado de la periferia 1ª Ed.Vitruvio, 1996; 2ª ed. Marisma, 2018]

 

 

MARÍA ANGELES MAESO MARÍA ANGELES MAESO
BIOGRAFÍA

(Valdanzo, Soria, España. 1955) se licenció en Filología Hispánica. Además de una militante social infatigable, coordinadora de varios programas de desarrollo sociocultural en los ámbitos de la marginación social, ha sido profesora de lengua y literatura castellana; así como miembro de equipos editoriales para la elaboración de guías didácticas. Ha colaborado también con el Instituto Cervantes, Radio Círculo de Bellas Artes y otros medios como Turia, Reseña, Diagonal, Youkali o Artes hoy. Es autora de ocho poemarios: Sin Regreso (Premio de Poesía Jorge Manrique, 1990) Trazado de la Periferia (1996, 2ª edición 2018); El bebedor de los arroyos (2000); Vamos, Vemos (Premio de Poesía Homenaje a León Felipe, Salamanca, 2003; 2ª ed. 2014); Basura mundi (2008); ¿Quién crees que eres yo? (2012); Huy, qué miedo, (libro infantil, 2016) y Puentes de mimbre (2017). Su obra forma parte de más de veinte antologías y poemas suyos han sido traducidos al inglés, portugués y esperanto. En narrativa, ha publicado La voz de la Sirena (Premio de cuentos “Teresa León”, 1987), Perro (2004) y Los condes del No y No (libro infantil, 2006).

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Nieves Ramos Garcia
Nieves Ramos Garcia
1 mes hace

Honda, profunda, siempre magnífica
Que ganas volver a nuestras tertulias
🤗🤗🤗🤗

José Ben-Kotel Paredes
José Ben-Kotel Paredes
1 mes hace

Hermosa poes’ia y con sentido y profunda. Calmada. Se agradece en el alma.

Casa Bukowski