PABLO CARBONE – RETRATO DE ESQUINAS Y TACONES

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Ateísmo solemne

 

A falta de un dios,

 

menos despistado,

 

menos agua trémula;

 

busqué resonancias suntuosas,

 

cuerdas perversas y letras

 

que incendiaban los rostros morbosos;

 

y en la línea delgada,

 

en la solemne misiva;

 

hubo apariciones divinas,

 

cofres floridos;

 

que hechizaron la herida de la lumbre,

 

el altar de las arañas;

 

y fue un encuentro incandescente,

 

un rumor de astillas secas,

 

una ausencia de tormentas.

Retrato de esquinas y tacones

 

Tenías la sonrisa abierta,

 

las esquinas firmes;

 

y debajo del vestido,

 

todos los ruidos, todas las bocas.

 

 

Mi tálamo era una cicatriz enorme,

 

una ciudad de piedra;

 

y vos, esdrújula y dispersa,

 

tejida por los años;

 

sabías como poseerme,

 

como callar los improperios.

 

 

Me pregunto: ¿qué será de tu nombre,

 

de tu costra lunar, de tu vientre roto?

 

Nunca entendí porque no te cobraste

 

el paso de mi lengua,

 

la honra de tus bragas,

 

el tajo de mis nombre.

 

 

Todavía te busco en las horas fúnebres,

 

en la ironía de las hembras,

 

en las llagas de la condena.

XXXIII

 

Anestesiado,

 

con los párpados apagados,

 

con las alas bruñidas,

 

sentenciadas por una tensa trama,

 

por una reverencia de clavijas.

 

Otros fragmentos cubrirán el suelo,

 

partituras lejanas, lienzos de sal;

 

y vos, inasible al abismo,

 

fórmula ciega,

 

calle encarnada;

 

irás soltando tangos frenéticos,

 

viejos altares,

 

finos cristales;

 

y esa última gangrena;

 

memoria del arrabal.

Etérea

 

Yo que anduve marchito e intratable,

 

vacilando en la noche rota,

 

en la hora última de los bares;

 

exigiendo la limosna turbia de unos labios,

 

el estrépito oscuro de caderas,

 

la sonrisa estrecha,

 

el follaje insuficiente.

 

 

Yo que anduve subterráneo,

 

enfermo de raíces,

 

lamiendo las podridas golondrinas,

 

llorando sobre vientres apagados,

 

muriendo en las vísceras del insomnio.

 

 

Yo que había perdido el cielo de un ombligo,

 

las piernas redentoras,

 

la furia de una nube;

 

encontré de pronto

 

tu silueta diminuta,

 

tus ojos infinitos,

 

tu ascenso de tinieblas.

 

 

Y en ese reguero de semillas,

 

de ofrendas silenciosas,

 

de noches confundidas

 

celebré tu brusca tempestad de mariposas.

 

 

Y volví a vivir

 

en el banquete subversivo de tus alas.

XVII

 

Y si de pronto la conciencia,

 

esa intrusa que late serena,

 

ha decidido cierta dictadura

 

sobre mi muerte.

 

 

¿Qué laberintos invento?

 

¿Qué crueles manías construyo?

 

 

Si ha logrado vencerme son sobrios vestidos,

 

Con aguas fatales, con lenguas de plomo.

 

 

¿Cuáles serán mis tejados, mis parajes funestos?

 

¿Dónde cometeré el último crimen?

 

Me resisto a los domingos frutales,

 

a la mesa servida, a la lumbre del pájaro;

 

deben haber otros sucesos,

 

otros callejones vacíos.

 

 

Debo soltar mis últimos vestigios,

 

mis aspas de fuego,

 

debo embriagarme en la pulpa del silencio.

BIOGRAFÍA

Pablo Carbone Unzueta nació en La Paz, Bolivia, el 20 de julio de 1980.

 

Su primer libro de poesías “Embriaguez nocturna” ha sido publicado bajo el sello editorial “La Hoguera”, en el año 2009.

 

“El Laberinto del Musgo”, su segundo libro de poemas, resultó ganador del Premio Nacional de Literatura, auspiciado por la “Universidad Gabriel René Moreno”, en el año 2011.

 

El año 2015 publicó el poemario “La balada de los muros”; el mismo que fuera seleccionado finalista del Concurso Internacional de Poesía “Pilar Fernández Labrador”, auspiciado por la diputación de Salamanca, España.

 

El año 2016 recibió el “Premio Joven de Literatura”, otorgado por diversas instituciones del Departamento de Santa Cruz de la Sierra.

 

El año 2017 obtuvo la mención honrosa del Concurso Nacional de Crónica Periodística auspiciado por el Diario “El Deber”.

 

El año 2019 publicó su cuarto poemario, titulado “Pasaje al diván” bajo el sello editorial 3600.

 

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