Poemas de Raúl Bruna

Raúl Bruna (Santiago de Chile, 1942). Sociólogo, docente y poeta chileno de la llamada generación del 60. Poemas suyos han sido recogidos y presentados, entre otros, en “Poesía chilena, 1960-1965” (1966), de Ediciones Trilce, Universidad Austral; en la “Nueva antología de poesía castellana”, de Editorial Universitaria (1981), en “Poesía chilena a través de la plástica israelí”, Fundación Andes (1986), y en la exposición “Trazos del abismo”, del Taller 99 de grabado (1992), permaneciendo a la fecha la mayor parte de su obra aún inédita.
Sus poemarios “Amanecer adentro”, Editorial Universitaria, y “Versos derelictos”, editado por Ronald Kay, se encuentran extraviados desde hace más de 40 años.
Imágenes de invierno
En la extravagancia de una luz sorda
aplastada
Sangrientamente sobre la calle mojada,
allí, al este del abedul del invierno, donde alguna vez
con impaciencia
esperé
el paso del ómnibus preciso, el que llevaba
la dirección del lecho amable,
el que nunca apareció…
En el oscuro sentido de la lluvia, empujada por el viento
en bailes tangenciales y macabros,
allí, al oeste de la sombra, donde alguna vez
imaginando estuve mi regreso, un retro- nacimiento,
mi aparición al aire, a la noche, a la fúnebre danza de los mares,
allí…
Porque era, presumo, el agua
mía debatiéndose con rabia, seca como un pueblo entero.
Entonces.
Y no quise ir de manos, no quise saludar. Estaban
todos?
Sí, estaban todos
con la camisa limpia alabando al arte, dirigiendo lógica
y palabras
a la oreja hueca de los muertos.
En verdad, presumo, nadie podía escucharles.
No obstante, elogios a la orden del entendimiento
(la matemática del frío, el anaquel del terciopelo…)
Y yo no podía, en verdad, no puedo entender…
A mí, por feliz desgracia, la vida se me viene
con sus obscenos gestos enredada
en el silencio atroz del hambre y la muerte
de los míos.
Poema de “Amanecer adentro” (inédito)
Arde en los cielos cubiertos de la tarde
en el otoño
la dorada y lenta flor
del último sol del día.
Allí está la herida,
antigua y deslumbrante
En las otras regiones celestiales
el descuidado brazo de la luz
relata lo visible y lo invisible
En mi corazón tu nombre late.
Duermes a orillas de la paz
Sa va la tarde, fundiéndose en la tierra.
Velo junto a tus sueños como un cirio que se apaga.
Comienzan a encenderse las estrellas
Poema de “Amanecer adentro” (inédito)
Hay silencio nuevamente.
Ni adentro ni afuera el tiempo se manifiesta, todo vuelve a
comenzar
en este curva, vivo o muerto, soy el mismo.
Un hombre con nombres diferentes
o también un nombre con diversos hombres que habitan en
la voz
a estas horas o fuera de horas, aquí o en otra parte.
Y no hay nada que explicar.
El resumen de todos los discursos y memorias
es este silencio, el único que vale
en la conjugación de hechos y deshechos, como una nota más
para esta ordenada sucesión de signos
ajenos los unos a los otros, a la inversa
de la vieja sentencia redentora de sí misma.
Es igual.
Aquí en otra parte
todo vuelve a comenzar:
Cero en la sangre nuevo de los días:
Con la edad
sumas y restas dan el mismo resultado.
El crucigrama encendido (inédito)
Entre el alma y la inteligencia
cada mañana despierta,
la noche sueña.
Para conocer el alma
la inteligencia escucha la voz,
Aguza los sentidos
Desatiende las preciosas geometrías
y regresa hacia la luz blanda,
Latido suave
O roce del follaje de sus bosques.
Todos los tañidos que la visten
en su desnudez vacía, al alma
En su permanente albura, al alma
Neblina a veces.
Déjalos resonar
La voz en la bóveda ojival del esqueleto,
En el corazón del mundo,
En su catedral honda,
Allí escúchala al alma,
Al corazón que alienta
con su voz las palabras.
Escucha su voz, su voz,
Y lee sus palabras.
Su crucigrama encendido.
