PATRICIA GUTIÉRREZ PAZ – ESTOY ATRAPADA DE TANTO TRAGARME MIS SILENCIOS
Esta es la segunda entrega de una ambiciosa saga que incluirá a siete poetas amazónicos contemporáneos de Bolivia.
Sí, leíste bien, mi “altiplánico” país es -también- parte del colosal Amazonas (pulmón, poema, clorofila y asombro del planeta), en realidad, el 60% del territorio pertenece a las “tierras bajas”.
Hago esto porque creo, fervorosamente, que compartir y visibilizar otras voces y otras geografías es uno de los gestos más lindos y humanos que es capaz de provocar el oficio poético.
Bienvenid@s sean, entonces, a este extraño y sorprendente paraje poético de nuestra ya, de por sí, poemática América Latina.
PATRICIA GUTIÉRREZ PAZ (1960)
SENTENCIADA A ESCRIBIR
“Creo que la poesía nos sucede como la mayoría de las cosas: sin aviso, ni remedio. A mí me teclean palabras en el cerebro, como turbiones, como avisos. Por la noche, sucede sola, sin necesidad de vino, ni tristeza a la vista, y, lo mejor, es que a veces simplemente no sucede.
Por eso no dejo de buscarla. Y a veces me espera…”
POEMARIOS
“A TRAVÉS DEL CUERPO” (1989)
“UNA PALABRA QUE NO DIGO” (2014)
PATRICIA GUTIÉRREZ PAZ / SENTENCIADA A ESCRIBIR
“Una palabra que no digo” es un libro habitado. Huele a Vida. En él se entremezclan los aromas complementarios de la angustia, el desespero, la esperanza y la resurrección. Estas páginas son el testimonio de que aquí triunfó la Vida…
Cuando la ves en sus mejores días, Patricia Gutiérrez Paz es un torbellino sonriente, vertiginoso, total. Ella va por sus sitios desparramando afectos, ideas y palabras a granel. Pareciera que en lugar de andar, se deslizara. Pero esa alegría no es verdadera. No. Patricia hace trampa. Ella es así porque una vez estuvo muerta. Durante siete años. Siete largos, largos años. Por eso, al retornar de ese sitio (“…del más efímero de los suspiros…”), ella vive, gime, escribe, crea, elabora y abraza porque ya sabe lo que sucede al otro lado del silencio.
Escribir desde el silencio
Probablemente, no fue ésta su intención consciente, pero el poemario de Patricia Gutiérrez es, básicamente, una rigurosa e intuitiva consideración acerca del lenguaje. Es decir, acerca del peso vivificante o letal que las palabras tienen en nuestras vidas y en nuestras muertes, porque (eso lo sospechábamos) hay palabras que es oportuno frecuentar y otras que son nomás, sentencias deleznables. Y, al medio, el silencio, ese páramo, ese cielo.
“Una palabra me describía
me definía,
me condenaba.
Una palabra, nada más.”
Escribir desde el cuerpo
“Una palabra que no digo” es un poemario de 132 páginas publicado en 2014 por Editorial La Hoguera. Es, además, la segunda obra de su autora (en 1989 publicó un libro, ahora “inencontrable”, titulado “A través del Cuerpo”). Y, como cumpliendo un extraño designio, más de 20 años después será nuevamente el cuerpo, o una de sus facetas, lo que desencadenará en ella ese exorcismo que llamamos escritura.
Lo que antes fue alborozo (un cuerpo fecundado, la inminencia de la Vida, el latido, la espera, el parto, el llanto), paradójicamente hoy será el terror (los indicios, el diagnóstico, el pavor, “¿quimio o radio?”, la sentencia, el silencio, el llanto…
Desde allí escribe esta poeta, desde ese lugar “no lugar” que habitamos. Desde el cuerpo, escondite de nuestra alma y sus azares. Desde el cuerpo, cuadrilátero feroz de Eros y Thanatos. Tablero de ajedrez entre la luminosa vocación de ser y un oscuro mandato genético que nos obliga a partir.
Sentenciada a vivir
Resumiendo, “Una palabra que no digo” es un poemario entrañable porque no es un vano juego mental para complacer al ego, porque no es una hermética serie de versos que nadie entiende, porque no es la enumeración ingenua de romances adolescentes o una letanía de desvaríos pesimistas de un adulto. No. Estas páginas son, antes que nada, el testimonio poético de nuestra fragilidad humana y de nuestra maravillosa posibilidad de resurrección. Debe ser por eso que a Patricia, sus lectoras y lectores nunca le dicen que su libro es “bonito” o “interesante”. No. A la autora de este libro le dicen… “gracias”.
P.D. Quizá llamamos muerte al silencio definitivo.
Volví a querer las palabras,
las palabras que nombran las cosas
esas palabras que impetuosas, temerarias o azarosas
nombran
ciertas cosas que
-sabemos– no tienen nombre.
Vivo con la necesidad urgente
de tragarme cada pedazo de aire,
de sol; cada sonido, cada silencio.
Estoy atragantada de tanto tragarme mis silencios.
Antes escribía para entender mi espíritu,
para ayudarlo a salir…
ahora, para mitigar la sensación de ya haberme ido.
Una palabra me describía
me definía,
me condenaba.
Una palabra, nada más.
Tengo una herida que se ve y una que se intuye.
¿Cuál te atreverás a besar
para quedarte conmigo?
Palabra innombrable
No entrarás jamás en mi boca
ni en mi cuarto
ni en mi miedo
ni en mi nada.
Tu canto oscuro llenando hospitales,
dictando sentencias,
decretando horarios,
imponiendo plazos,
vencimientos y prórrogas.
Tu canto oscuro,
contando heridas
apilando llantos,
restando sueños.
Más que una palabra,
eres todo un veredicto.
Inapelable.
Más que una palabra
una sentencia.
Días, meses, horas, ¿tal vez?
Batalla jodida das vos,
palabra
llena de finales mal paridos.
Agazapada,
condenas,
amenazas
y dictaminas.
Y así,
-sentenciadas a vigilias semestrales-
nacemos y morimos,
sin que nadie se entere.
Con tu espada de sombras
vigilas pasillos,
luego
gatillas, disparas.
Ahí tu espada se clava
en cuerpos vidriosos,
frágiles
hartos de lluvias y pesares.
Pero, no te creas,
¡oh!, innombrable,
también te he visto perder
y huir cuando te ignoran.
Y, a veces -sin que medien silencios,
médicos, tratamientos,
magos o jueces de sentencia-
te marchas mutis,
como llegaste.
Y vaya la estadística a entender,
por qué el té de tilo
fue más eficiente
que doña Quimioterapia.
Otra vez turbias,
incendiaron mi boca
desabrigaron mis ojos
y arrebataron mi voz.
Escampe de palabras.
Luego tú, silencio,
vuelves y me salvas de mí y de ellas.
Hay que ser valiente para callar tanto.
Sálvame de este silencio fino que retumba en mis oídos.
Silencio de entre dientes.
Silencio de entre lluvias.
Estallido tribal.
No nombrarte es vaciarte de tus significados letales
-lo que no se nombra no existe-
es bíblico.
Cuando todo sabe a herida y goce,
cuando el menú diario no contempla asesinar tu pasado
y te quedas anclado en el presente.
Cuando nos quedamos sin parientes vivos,
cuando el pasado ya no duele
y lo que más duele es no dolernos.
Entonces, vacíos de quimeras…,
nos atrevemos a dolernos nuevamente,
saliendo de la cueva donde ruge el silencio,
lamiendo nuestras heridas de sal y canto.
Levantamos la osamenta
y una vez más -humildemente endiosados-
deambulamos locos
locos y solos
en busca de un amor de bolero
que nos desmadre enteros,
que abra zanjas cerradas,
que encienda luceros idos.
Para que la sombra deje de esconderse,
y la noche encienda;
en este brevísimo interludio entre la vida y la muerte.


Patricia Gutiérrez Paz, escritora, periodista, y guionista.
Master en Escritura Creativa en la Universidad de Salamanca/ España (2019)
Libros publicados:
– “Arte Palabra” editado por el Museo de Arte Contemporáneo, Bolivia, 2017.
– “Una palabra que no digo”; Feria Internacional del libro, 2014.
-“A través del Cuerpo”, Editorial El País, 1989.
-Hace parte de la “Antología della Poesia Boliviana D’OGGI”, Emilio Coco, Italia 2019.
– “POESÍA BOLIVIANA del Siglo XX”,
editada por VISOR España, 2015, recopilada por Homero Carvalho Oliva.
-Antología “Buris y Surazos en la ciudad de los anillos”, de Oscar Gutiérrez, Fondo Editorial Gobierno
Municipal SCZ, Bolivia, 2015.
-Escritoras Cruceñas, antología, 2019, FIL SCZ.
-Escritoras Bolivianas, antología, 2019.
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