Poemas de Cecilia Pontorno

Cecilia Pontorno (La Plata, Argentina, 1979). Poeta, maestra, profesora de Psicología. Coordina los talleres de poesía Un radar en la tormenta. Participó en antologías, revistas digitales y en cortometrajes con sus poemas y su voz. Obtuvo una mención en el Concurso Internacional Hespérides por “La mirada es un lugar” (2020). Publicó los poemarios “La hora suspendida” (Ediciones Hespérides, 2021), “Inventario del tiempo” (Prueba de Galera Editoras, 2022) y Morfina para los muertos (El Andamio, 2024). Algunos de sus poemas están traducidos al francés y al portugués. Su segundo libro se encuentra catalogado en la Biblioteca de la Freie Universität Berlin y en el Instituto Ibero-Americano de Patrimonio Cultural Prusiano de Berlín, Alemania.
POLVO
Esta historia está hilada con el huso de la muerte,
un signo de falsedad involuntaria.
Son demasiadas las vueltas hacia la desgracia, y no hay
ceremonia con tales expectativas: sólo
el infierno de vidas por conocer.
Ahora, se clava en mi pecho la noche de alguien.
Otra vez, desde el polvo, se inmortaliza.
Una casa a oscuras lo detiene, llega tarde
la otra mitad del paisaje.
La palabra, ese enjambre me persigue,
sísmico y atroz
(no me gustan las cosas que se mueven tanto)
El domingo a veces se viene sobre mi cara
como una bestia de ojos brillantes.
No podría ordenar las cosas de otra forma.
Esta es
mi casa de paz.
LO INUSUAL DESCIENDE
algo ha muerto de mi devenir por el mundo:
este pie detrás del otro no es este pie sino su huella
el lenguaje siempre engaña
aquella luz es ya su sombra
esta mañana, aquel lugar
la palabra siempre nunca alcanza puedo obligarme a desdecirla
lo inusual desciende hasta la antesala del signo
hablemos aunque sea sólo una máscara
y serán dichos todos los azares y vendrán a nosotros las verdades del mundo.
QUIERO DECIR QUE TU CABEZA…
Quiero decir que tu cabeza
gira en mi lengua como un trompo,
un tentempié sagrado.
Pocas veces, quizás ninguna
respondí con un no rotundo.
Es de noche, tarde, tan tarde
que, uno por uno, los años
se adjudican el olvido.
El amor se llora solo.
Soy la parte más callada de la tormenta.
La silenciosa y temeraria
flor del cactus.
Nada es lo que parece
en este mar de piedra.
En adelante sólo me queda
un bote pequeño,
una ría marrón y unas cañitas.
Moverme en dirección opuesta al sol,
pasar de largo estas riberas.
Hay que hacerlo.
No renunciar.
Aunque los hombres
pueden permitirse otros sepulcros,
no es triste tu soledad. Es constante.
Mi amor se levanta y se va,
como siempre:
se aleja del camino,
se disgrega,
se vuelve polvo.
ITALIA
Debajo de mi rostro de noche entera,
silenciosa flor de nácar, en reposo
muerta entre los muertos,
debajo hay
la gravedad constante de la lluvia
y, en otro lugar, otra tristeza, disloca
el exceso de claridad en los matices de mármol.
Desnudar la palabra o contenerla:
un estanque de crueldad que, cada día, se cierra
por la natural culminación de lo que inicia,
un camino que comienza con ausencia
con un diario, café, tos,
posmo-esclavitud.
Mirar hacia Italia y no saber
dónde se convirtió el hambre
en una foto sepia
y el frío que costó esta tierra
ahora cercada por el fuego.
No soy
nunca he sido
la juventud de mis abuelas rezando solas
no estás muerta, querida
¿A quién escucho?
Avanza hacia mi aliento un pájaro que canta en mi boca.
Invoco, me arrepiento, invoco…
Un rostro debajo de este rostro
desde la nada me observa
¿A quién sostengo
en esta geometría
irregular e íntima?
Un arroyito corre por mi sangre.
Le gusta hablar cuando estoy dormida.
POSGUERRA
Hubo una tarde de naturaleza muerta
y hubo también el corazón mismo de la noche
como una tormenta
cuando preguntaste por mis cosas llenas de odio.
Soy el retrato desfigurado de lo que alguna vez predije.
No importa mi cara mirando un punto fijo
en el suelo de mármol.
Este lugar me pertenece, es una sombra de posguerra.
No llores por los muertos, las mejores cosas pasaron en mi ausencia.
Sobrevuela el hedor de la nostalgia
y el horror debajo de tus ojos se asoma
para no quedarse adentro.
Lo sé, tampoco yo soportaba.
Un poco se va con el tiempo,
pero no tanto.
No deja de temblar, como un reflejo condicionado.
Una y otra vez preguntás por mis exequias
como un semental ciego copulando contra el espejo.
SACRIFICIO
Olvidé una tarde algo muy mío y, aún así,
una mujer detrás del vidrio, una mujer
desde adentro me abandona.
Velaré su cuerpo como si fuera suficiente
nombrar el adiós, sus cosas, esta luz.
NO SÉ SI DECIRTE…
ay si tu forma de lluvia me mojara
Roberto Santoro
No sé si decirte algo cierto y mío, o que sea
tuyo todo lo demás.
El cansancio es decir
tu nombre en vano,
llamarte a contraluz
sobre la tarde.
