Casa Bukowski

Multiplataforma Internacional de Literatura, Cine, y Artes

AÑO 7 - 2026

Poemas de Cecilia Pontorno

Cecilia Pontorno (La Plata, Argentina, 1979). Poeta, maestra, profesora de Psicología. Coordina los talleres de poesía Un radar en la tormenta. Participó en antologías, revistas digitales y en cortometrajes con sus poemas y su voz. Obtuvo una mención en el Concurso Internacional Hespérides por “La mirada es un lugar” (2020). Publicó los poemarios “La hora suspendida” (Ediciones Hespérides, 2021), “Inventario del  tiempo” (Prueba de Galera Editoras, 2022) y Morfina para los muertos (El Andamio, 2024).  Algunos de sus poemas están traducidos al francés y al portugués. Su segundo libro se encuentra catalogado en la Biblioteca de la Freie Universität Berlin y en el Instituto Ibero-Americano de Patrimonio Cultural Prusiano de Berlín, Alemania.


POLVO

Esta historia está hilada con el huso de la muerte,

un signo de falsedad involuntaria.

Son demasiadas las vueltas hacia la desgracia, y no hay 

ceremonia con tales expectativas: sólo 

el infierno de vidas por conocer.

Ahora, se clava en mi pecho la noche de alguien.

Otra vez, desde el polvo, se inmortaliza.

Una casa a oscuras lo detiene, llega tarde 

la otra mitad del paisaje. 

La palabra, ese enjambre me persigue, 

sísmico y atroz 

           (no me gustan las cosas que se mueven tanto)

El domingo a veces se viene sobre mi cara

como una bestia de ojos brillantes.

No podría ordenar las cosas de otra forma.

Esta es 

mi casa de paz.

LO INUSUAL DESCIENDE

algo ha muerto de mi devenir por el mundo:

este pie detrás del otro no es este pie sino su huella

                  el lenguaje siempre engaña

aquella luz es      ya      su sombra 

esta mañana, aquel lugar

la palabra siempre nunca alcanza      puedo obligarme a desdecirla

lo inusual desciende hasta la antesala del signo 

hablemos           aunque sea sólo una máscara

y serán dichos todos los azares y vendrán a nosotros las verdades del mundo.

QUIERO DECIR QUE TU CABEZA…

Quiero decir que tu cabeza

gira en mi lengua como un trompo,

un tentempié sagrado.

Pocas veces, quizás ninguna

respondí con un no rotundo.

Es de noche, tarde, tan tarde

que, uno por uno, los años 

se adjudican el olvido.

          El amor se llora solo. 

Soy la parte más callada de la tormenta.

La silenciosa y temeraria 

flor del cactus.

Nada es lo que parece

en este mar de piedra.

En adelante sólo me queda 

un bote pequeño, 

una ría marrón y unas cañitas.

Moverme en dirección opuesta al sol,

pasar de largo estas riberas.

Hay que hacerlo. 

          No renunciar.

Aunque los hombres 

pueden permitirse otros sepulcros,

no es triste tu soledad. Es constante.

Mi amor se levanta y se va, 

como siempre: 

se aleja del camino,

se disgrega, 

se vuelve polvo.

ITALIA 

Debajo de mi rostro de noche entera,

silenciosa flor de nácar, en reposo 

muerta entre los muertos,

                                          debajo hay 

la gravedad constante de la lluvia

y, en otro lugar, otra tristeza, disloca 

el exceso de claridad en los matices de mármol.

Desnudar la palabra o contenerla:

un estanque de crueldad que, cada día, se cierra

por la natural culminación de lo que inicia,

un camino que comienza con ausencia

con un diario, café, tos, 

                                        posmo-esclavitud.

Mirar hacia Italia y no saber

dónde se convirtió el hambre 

en una foto sepia

y el frío que costó esta tierra 

ahora cercada por el fuego.

No soy

                              nunca he sido

la juventud de mis abuelas rezando solas

                                           no estás muerta, querida

¿A quién escucho? 

Avanza hacia mi aliento un pájaro que canta en mi boca.

Invoco, me arrepiento, invoco…

Un rostro debajo de este rostro 

desde la nada me observa

¿A quién sostengo

en esta geometría

irregular e íntima?

Un arroyito corre por mi sangre.

Le gusta hablar cuando estoy dormida.

POSGUERRA

Hubo una tarde de naturaleza muerta

y hubo también el corazón mismo de la noche

                                                            como una tormenta

cuando preguntaste por mis cosas llenas de odio.

Soy el retrato desfigurado de lo que alguna vez predije.

No importa mi cara mirando un punto fijo

en el suelo de mármol.

Este lugar me pertenece, es una sombra de posguerra.

No llores por los muertos, las mejores cosas pasaron en mi ausencia.

Sobrevuela el hedor de la nostalgia

y el horror debajo de tus ojos se asoma

para no quedarse adentro.

Lo sé, tampoco yo soportaba.

Un poco se va con el tiempo,

pero no tanto.

No deja de temblar, como un reflejo condicionado.

Una y otra vez preguntás por mis exequias

como un semental ciego copulando                contra el espejo.

SACRIFICIO 

Olvidé una tarde algo muy mío y, aún así,

una mujer detrás del vidrio, una mujer

desde adentro me abandona.

Velaré su cuerpo como si fuera suficiente 

nombrar el adiós, sus cosas, esta luz.

NO SÉ SI DECIRTE…

ay si tu forma de lluvia me mojara

Roberto Santoro

No sé si decirte algo cierto y mío, o que sea

tuyo todo lo demás.

El cansancio es decir 

tu nombre en vano,

llamarte a contraluz 

sobre la tarde.

Comentarios

Suscribir
Notificar de
guest
0 Comments
Más antiguo
Más nuevo Más votado
Comentarios en línea
Ver todos los comentarios
Casa Bukowski