Carlos Vicente Castro – El blanco es no dar en el blanco

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La oficina es un caballo blanco como el día

¿Estamos solos en medio del blanco desierto? Paredes, escritorios,

clips, camisas de fuerza, así

un vómito monótono.

La oficina

cabalga a trote como un teclado, un caballo blanco de redoblado paso

interminable. ¿Estamos

ensillados en el día que come piedras

y pienso?

 

Hasta el aire está acondicionado.

Un algo kitsch

No me contestes demasiado pronto, queridísima Frika: un diamante en bruto,

díganlo si no los africanos en las minas,

es lo mismo que un trozo de carbón (lo que cueste es asunto de Wall Street).

Los siglos y siglos en el congelador de la tierra nos los entregan relucientes,

brillantes como los cerebros de algunos genios de la

zoología, como algunos sabelotodo con quienes nos encontramos a un paso

de hormiga,

en la fila de la caja rápida.

He ahí la brillantez con que los diamantes en bruto se nos presentan, como

un botones mal vestido detrás de nuestra propina.

Yo prefiero guardar distancia, agrandar mi campo de energía oscura, densa como

el vacío.

A mí me gustaría que los diamantes pudieran derretirse, y por qué no, beberse.

Sería un gran negocio.

Algunos no hemos pulido el estilo, andamos brutalmente desgarbados,

las palabras se nos embotan de la boca, y si los diamantes bebidos

nos aportan un algo kitsch, pues quién se negaría.

Claro que tendrían que ser digestivos, en eso la brillantez de nuestros

científicos hace milagros —aunque no precisamente cuando nos referimos al

estilo.

Ya ves, se me va el tiempo en explicarte que soy un bruto para entender

cuando me hablas de diamantes.

El blanco es no dar en el blanco

La hoja en blanco es una antigua amiga que de pronto se ha quedado en

blanco antes de decir nada, ni bu como un fantasma bajo la sábana,

una postal de Nueva York que conseguimos en un bazar

sin jamás haber subido a la cima de la estatua.

No hay mujer que desista al impulso de soñarse en la parte más alta

de la hoja en blanco, con su vestido semiblanqueado ondeando como

una bandera.

Pero sabes, querido Vitrubio, la historia, incluso las instantáneas personales

son sólo un intento por plagiar la realidad,

la verdadera historia está en las zonas blancas que manchamos con los dedos

al pasar la rugosa página del día.

Pero el blanco me persigue como un oso polar hambriento entre odiosos

témpanos de hielo mientras brindo contigo. Claro, oh Vitrubio, con mi vodka

Absolut a las rocas.

Y mi blanco es no dar en el blanco.

Y blancas estrellas fugaces rayan la oscura fealdad del cielo.

Por eso te digo, a nada le tengo más miedo que a ser aplastado por el BLANCO.

Mi Reino fue Comido por los Buitres

MI REINO FUE COMIDO por los buitres

un día de sol envenenado de números. Yo

huí en camisa por desiertos que parecían

infinitos, infestados

de beduinos que me aceptarían

dándome un penoso dromedario para seguirlos

al final de su caravana.

Hemos asaltado reinos mejores

de lo que fue el mío

y, por honor, no nos hemos quedado con ninguno.

 

(De “Apócrifos”)

BIOGRAFÍA

Poeta, editor y docente mexicano. Egresado de la Licenciatura en Letras Hispánicas por la Universidad de Guadalajara, UDEG. Estudió Comunicación en el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, ITESO, donde imparte Literatura Mexicana Actual, y Periodismo en la Universidad Panamericana, UP. Es colaborador del periódico El Informador.

Autor de cuatro libros. Obra suya se incluye en cuatro antologías y tres anuarios de poesía mexicana del Fondo de Cultura Económica, FCE. Ha publicado en CríticaLuvinaLa ColmenaCantera VerdePunto de Partida y Periódico de Poesía. Ha realizado lecturas de su obra en festivales de poesía en Argentina y Alemania.

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