GEORGINA HERNÁNDEZ GONZÁLEZ – MALAQUITA

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M A L A Q U I T A

 

Malaquita, me arrancas como flor del campo.

Tu nombre de mala, quita luna del cielo,

separa el mar de su propia sal

pues el infierno es tu bandera.

Malaquita, ¿cuándo entenderás?

tu nombre mineral, rejuvenece

al nadador sumergido en tus aguas

al que nada en tus pensamientos

tratando de llegar al fondo de ellos.

Cada vez que toco tu cabello de estrella

me enredo en vía láctea de hebras

hago con ellas un nudo entre el Sol y la Tierra

para evitar que se suelten

cuando el final único asista, a la última noche

de nuestra atmósfera quieta.

Mujer, secuestras vestido al que habita

la selva de tus enredos de lengua

lo liberas desnudo a la vida

sin religión causándole pena.

 

Malaquita, embustera

me dijiste que hoy llovería.

Sólo veo lágrimas, huyendo de tu cuerpo,

que acarician tus mejillas

jugando su propia carrera.

Ahora escapas, a diestra y siniestra,

de tu pasado repleto de piedras;

ignorando que al franquear, Señor Destino

las coloca de nuevo, sin reloj en mano,

para que pasando cien metros tropieces

una vez más con ellas.

Mala, quita esa sonrisa de mala.

Quita el sabor de aquello que duele.

Como el saberte tan libre, tan suelta,

entre cascadas, hogar de los peces,

de temerarias con ganas de muerte;

que saltan al abismo del agua corriente.

Tu pelo obsidiana, tu nombre mineral,

resaltan cada ojo negruzco que guardas,

para todo felino que entre los cambures

adviertas pasar.

Malaquita, así de mala,

dibujo tu malicia en mi ajuar.

 

E L T E M B L O R D E L G I G A N T E

 

Vivo en un país que tiembla.

Le tiembla la mano al policía,

magistrado, juez y presidente

para vestir de blanco a la justicia,

llenando con monedas su alcancía.

 

Tiembla iracundo el gigante

también tiembla la panza

del que limpia parabrisas

en la esquina de Insurgentes.

 

Tembloroso el sueño del artista

ese que no apoya ni su gente

porque le apuestan más a Televisa

que al talento de un sin suerte.

 

Tiembla el mirar callado de la madre

que a su hijo se llevaron.

Tiembla el grito de un padre

al que a su hija asesinaron.

Tiemblo yo de la impotencia

 

(El gigante no despierta)

 

Ruge el centro de la tierra

 

(El gigante no despierta)

Y o t e s u e ñ o

 

Yo te sueño, cada vez que el día nublado apaga el sol

o veo al carpintero oliva, buscar su nido entre los robles.

Te sueño, al dormir despierta y estirar el tiempo…

Haciendo que un minuto sea una hora al soñarte.

Cuando al final de la jornada el obrero va a casa;

lo recibe su familia con besos al llegar, ahí, yo te sueño.

No espero que comprendas, ni que veles cada noche.

Mucho menos que cuestiones a la estrella, su centellear

pues no hay explicaciones, para el sueño tan profundo

que es soñarte y al día siguiente no querer ya despertar.

D E S I E R T O P A R T E  I

 

De grano en grano se me va el aliento contando los días en las dunas salteadas,

viendo de reojo al sol que se mete hasta en la etiqueta de los calzones…

 

…Y me quejo.

 

No hay mamífero más agradecido que el dromedario rumiante

que con una joroba se deja domesticar y le sirve al amo hasta el fin de los tiempos;

yo sólo tengo una mano adiestrada para escribir y otra para tocar el cielo cuando me estiro.

 

El rumiante dromedario viaja desde el norte de África hasta la península arábiga.

Yo sólo viajo a la tienda de la esquina de mi casa cuando se terminan las tortillas.

Él, en el calor fehaciente de la cafe-cidad de un Egipto solitario.

Yo, ante la llovizna de Ciudad de México que entorpece a los ávidos conductores.

 

¿Acaso no es injusto, pintado con colores de absurdo el curso de la Tierra?

Por más que gire no cambia el rumbo, y así, el privilegio de la raza pensante estará siempre sobre la cuadrúpeda,

porque la ley de la gravedad aplica en la naturaleza, y el racional la desconoce cuando es hora de bajar su ego.

 

Un dromedario es más obrero, un dromedario es más agradecido, más temeroso, más…

¿Cómo decirlo? Sin herir sentimientos de hombre pensante…

Más digno de pisar la arena que se cuela entre patas, dedos y pezuñas

a la que con humildad le ofrece una reverencia

cuando busca el suelo para entregarse a los brazos de Morfeo.

 

Él duerme tres horas y es la energía necesaria para recorrer kilómetros

buscando una fuente de agua de la que se abastece para aguantar semanas sin beberla.

La fragilidad humana que me abraza sólo por existir,

no da más de tres días sin el líquido vital

para que me falle un riñón y termine jadeando frente la puerta del hospital.

 

Lo único justo es que no importa quien de los dos muera,

si el dromedario en las lizas del desierto o yo

en la disputa con el coche de al lado detenido en el tráfico,

porque el mundo no recordará, ¿quién sabe? Ni a uno.

T R A Z O S D E A I R E

 

Respirarte es arte desde que el mundo es mundo,

desde que se inventó el papel, pulmón de los poetas

que respiramos de letra en letra sobre la hoja.

 

(Te escribo como mero acto de sobrevivencia)

 

Se respira veinte veces por minuto

por minuto veinte veces te respiro.

No falta el tonto que sale a buscar aire fresco para el despabilo,

yo salgo a buscarte

a pescar tus ojos que se me parecen a trozos de aire

a veces trazos del aire por la ligereza con la que me miras,

así me despejo.

 

Respirarte

es arte

desde que los colores ya no fueron suficientes

para pintar una sonrisa sobre mi lienzo encarnado.

 

Se respira veinte veces por minuto

 

veinte veces

 

por

 

mi

nu

to

 

te respiro.

 

BIOGRAFÍA

Georgina Guadalupe Hernández González

Nació en Nayarit, México, donde el mar y la tierra se besan todos los días. Es partidaria de que las letras hacen libres a las personas, es por ello, que su mayor pasión es la palabra escrita y hablada. Estudió Derecho en la Universidad Nacional Autónoma de México, actualmente labora como Asesora Parlamentaria del Senado de la República, encontrando arte en los sucesos de la agenda nacional y en los ojos de cada persona que conoce.

Fundadora del espacio juvenil literario Marficción, uno de sus principales sueños es ver a las próximas generaciones pensando a través, de sus propias voces. Ha sido acreedora dos veces el premio al Nayarita Destacado del Año (2017 y 2020), entregado por la Fundación Cultura y Desarrollo A.C. con motivo de su contribución al fomento del arte oratorio y literario en el Estado.

Apasionada del jazz, de los poemas de Pessoa, Huidobro y Sabines.

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Barbara Braun
Barbara Braun
3 meses hace

maravillosas poesías… estos poemas ademas de poderlos leer, se pueden ver, se pueden tocar…que milagroso…

Georgina Hernández
1 mes hace
Responder a  Barbara Braun

Muchas gracias por tu comentario querida Barbara. Recibe un gran abrazo.

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