Ricardo Plata LA RESPUESTA ES LEVANTAR UN GRITO

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Oración del abandono

Nunca me desprendí
de los amores,
pienso en el abandono
como un pretexto para volver,
para que el tiempo haga del pecho
un páramo de esperanzas abiertas.
Pienso en el abandono
como una noche de tres puntos suspensivos
que abre la ventana del llanto.
Las personas que me amaron
me veían como una casa alta,
de tres pisos
la cual puedes abandonar,
se fueron dejando las cerraduras abiertas
porque saben que no tengo
la fuerza de cerrar puertas.
Siempre fui el preludio
para que ellas encontraran el amor,
el sitio donde concurrían llorando,
el lugar en donde envolvían su corazón,
y cuando se marcharon,
también quise deshabitar mi persona.

Harto de los signos de la noche,

de los asteriscos
que se anuncian como estrellas,
camino por este barrio
de ventanas y paredes
carcomidas por el tiempo y los grafitis.
Realmente cansado
de la turbia especie de obscuridad,
juego a preguntarme
si mi sombra es igual de resistente
que la construcción de mi cuerpo.
Camino por estas calles,
y la esperanza es una sonata
que aúllan los perros,
los hombres desconocidos cruzan la avenida
para iniciar la batalla,
la respuesta es levantar un grito
como una bandera de furia,
para que los nudillos hablen el idioma de los golpes,
pienso en la madre del varón que golpeo,
es la hora de la violencia
y mis manos están cansadas
y los puños se incrustan en las costillas.
Pienso en mi madre
hablando al novecientos once
preguntando por su hijo trigueño

de un metro ochenta y tres,
y pienso en la sangre de mi compañero
como un ritual que se ofrece a la muerte.
Cansado, realmente estático,
se revela la fragilidad de mi espíritu,
de mis dedos que responden
como animal herido,
de mi palabra que funda
un templo de odio
en este viento de madrugada.
Pienso que en este barrio,
sólo seré una anécdota
una descarga de violencia
cayendo de un gotero de alcohol.

A Mario Ramírez

A Mario le gusta la inestabilidad,
por eso su agrado
de habitar personas como si fueran casas.
Mario prefiere a las mujeres inestables,
que tengan una cuerda
atada de hombro a hombro
para colgarse en su pecho
y si resbala,
morir en el ombligo de su deseo.
Yo profiero el amor blanco,
blanco como un manicomio
para que mi locura
tenga un punto de rehabilitación.
A mi amigo le gustan las mujeres
que sepan abrir una botella
con los dientes
y aún conserven la sonrisa
de principio de semana.
Mario reconoce su soledad,
es idéntica a la mía,
lo que nos lleva a vivir en círculos en llamas,
a repetir la búsqueda,
y pensar que el amor de la vida
se encuentra
cuando todos se callan en medio de una fiesta.

A Cecilia Elizondo

Cada que alguien nos sueña amanecemos más ligeros,
hay noches donde en el fervor de las almohadas
se sueña nuestra insomnio,
grita tu nombre
y
una vez más grita
con la rabia de los perdidos,
de los que ya no están
de los que hicieron de la vida un interrogatorio,
y no encontraron la amable respuesta
en la furia de un día de julio.
Nos faltaron días para clamar la sanación
y el eco de lo que fuimos
Somos
seremos
nos devuelva la imagen desfigurada.
Pierde la desesperanza,
la colección de amores incompletos
y pierde una vez más los hubiera
que siguen iluminados
con el foco azul de agosto.

Sigue esperando el beso
en un salón sellado
antes de la temporada de vacaciones,
sigue esperando el regreso
de los rostros que olvidaste
y ahora viven en una lista
un número
un apellido,
que desafían la ley de los diez años
impuesta por la memoria.
Sigue en ese sueño incompleto
de consagrar el principio
como una moneda que vuelve
y detén el paso y escucha las campanas
y el tiempo dictará la sentencia
Es el principio de la edad mediana.

A Eder Rivas

Corremos tras un taxi a las dos de la madrugada,
con la esperanza de que llegaremos completos
sin un cabello de menos al hogar,
creemos en las palabras de un taxista
que nos habla de su encierro de trece horas en su jaula con llantas.
Emborracharse sabiendo que estas triste
y que acabaras más triste y desdichado,
pero no importa ser joven es ser triste,
en un efímero tiempo
somos compañeros de la alegría,
como el ruso finlandés que recordara México por su tequila
y su cerveza victoria y tal vez regrese a emborracharse,
porque quería conocer Latinoamérica.
No pronunciamos bien su nombre,
El finlandés no sabe groserías,
odia las groserías, las vea innecesarias,
yo no, como el hijo de puta del taxista que nos cobró de más,
pero el finlandés no lo sabe,
y piensa que no es necesario, pero lo son,
tal vez las palabras más sinceras de mi vida son algunas groserías.
El finlandés se va en dos noches,
se nota dolorido por dejar esta tierra,
la muchacha con la que le encontramos,

la conoció en un starbucks,
ella estudia Historia con nosotros
y está abierta a cualquier posibilidad de vivir
y no tuvo miedo de las malas jugadas de la suerte,
El güero estaba desorientado,
no hablaba ni pio de español,
pero quería conocer Ciudad de México.
México es eso,
conocer a una mujer que te recoja en un café del centro histórico,
y te lleva a su círculo,
eso es Latinoamérica y esa es la juventud,
conocer a un ruso finlandés
en una esquina de Tlalnepantla,
él, no sabe en donde estuvo
aun así lo recordaraá,
y nos habla que del otro lado del mundo
pasaría lo mismo.

BIOGRAFÍA

Ricardo Plata (Ciudad de México, 1994)
Estudió Letras Hispánicas en la Universidad Autónoma Metropolitana. Autor del poemario Para habitar mi nombre bajo el sello editorial Literalia. Fue becario del Festival Interfaz: Los signos en rotación. Fundador y Director General de Cardenal Revista Literaria y del Encuentro Nacional de Escritores Jóvenes-UAM-I. Ha publicado en revistas de México, Argentina, Perú, Bélgica, Serbia, Turquía, Pakistan , Bangladesh, India y Uzbekistán.

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