Sabina Bengoechea – CUANDO TENGAMOS UN DESPACHO PROPIO

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LLAMAR AL TIMBRE

 

Cuando tenía diez años mis padres

decidieron desconectar el timbre

porque en la calle jugaban niños

que tocaban a la hora de la siesta.

Cortaron el cable como quien corta

el cordón umbilical del exterior.

Olvidé pronto su sonido

que como un gemido nocturno

lame el oído y nos reclama.

Nunca he sabido las veces exactas

que tocaron sin obtener respuesta,

que pensaron que ya no vivíamos

aquí por el silencio.

Sin embargo, hoy lo hemos conectado,

no para recibir una visita,

por un incendio, la policía

o algún inspector de hacienda, sino

para recibir un paquete de Amazon.

Llega el paquete y con él

el rumor de pasos en el pasillo,

el reclamo al otro lado de la puerta.

A VECES EL AMOR ES RUTINARIO

 

Quedamos a las nueve en el hotel

y fingimos no conocernos,

costumbres del amor entrado

en la rutina de una ciudad

nocturna y de memoria.

Inventamos trabajos aburridos

como los nuestros, hablamos de premios

literarios, política, del tiempo

que no tenemos y añoramos.

Cuando el camarero se despistó

entre las mesas, entramos a los baños.

Con la fuerza con la que tomas

el verso al recitar

me desabrochaste los Levi’s,

jugando con mi cuerpo y con tu lengua.

Me preguntaste cuánto tiempo

más seguiríamos fingiendo

y no supe nunca responderte.

CUANDO TENGAMOS UN DESPACHO PROPIO

 

El pasado no es digno de recuerdo,

el futuro ya no es una promesa.

MARIO VEGA

Hacerse mayor es querer tener

un despacho propio en la facultad,

adornarlo con plantas de interior

donde exista una luz en los horarios

y lleguemos siempre a fin de mes.

Soñamos con el cartel en la puerta

que anuncie nuestro territorio:

reuniones, llamadas, fotografías

de familia feliz sobre la mesa.

Soñamos con charlar con catedráticos

por los pasillos, tener conversaciones

cultas con gente culta en los congresos,

sentir que formamos parte de algún sitio.

Sin embargo, me pregunto si todo

esto nos pertenece,

si tras la ventana se esconde

una ciudad que nos ignora,

si esto era de verdad lo que queríamos.

DISCOTECA ABIERTO HASTA EL AMANECER

 

En medio de la pista las discípulas

de Salma Hayek desafían

la flexibilidad de sus caderas,

nocturnas entre el humo bailan

a conciencia de una serpiente en el cuello.

Aquí no hay lugar para el tiempo

y la memoria, los cuerpos

se desordenan con la música,

como desordena el deseo

la rutina, así, de golpe.

SOL DE LA MAÑANA

 

Anoche soñé con crisantemos

que cubrían la playa y con las olas

que acariciaban con dulzura

los pétalos diseminados.

Pero el sol de la mañana

tapizó de cadáveres

las mezquinas arenas,

mientras el mar gritaba enloquecido

al descubrir lo que había hecho.

BIOGRAFÍA

Sabina Bengoechea (Almería, 2000) es estudiante de Enfermería y reside en Granada. En 2016 ganó el accésit del XXVI Concurso de Narraciones Cortas Luis Landero y el accésit del X Concurso de Cuentos Interculturales Diputación de Almería. En 2017 obtuvo el primer premio del XXXV Certamen Literario Roquetas de Mar en la modalidad de poesía. En 2021 obtuvo el XXXIII Premio Poeta Eduardo de Ory Sevilla en la modalidad de poesía. Ha participado en la Escuela de Escritores Noveles, organizado por el Centro Andaluz de las Letras, en los años 2016 y 2017. Ha publicado textos en colecciones como Letras de Papel, dirigido por el Centro Andaluz de las Letras, y en Colección Letras, dirigido por el Instituto de Estudios Almerienses. Fue finalista del VI Premio Valparaíso de Poesía y finalista del V2Versos&Visuals del festival de poesía NUDO de Barcelona. Algunos de sus poemas han aparecido en la revista Santa Rabia Magazine y la Revista Kametsa.

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