SUSANA BAUTISTA CRUZ – UN BARCO DE PAPEL

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I

Un colibrí aletea veloz, la maniobra apenas se percibe entre los cables de luz. Entonces mi mirada se detiene justo ahí. El cielo grisáceo. Un colibrí-trapecista. Un colibrí-iluminado. Un colibrí citadino (en la contraesquina de Popocatépetl y Huichapan). La despedida nocturna en la última estación del Metrobús. La escena se congela en los breves instantes en que se cumple el ritual. Alrededor nuestro, una multitud indiferente se aproxima. Tú desapareces. En mi alegre extravío; sólo poseo un nombre en mis labios. La dirección ausente a donde he de regresar. En estos días tristes, he caminado por el laberinto de mi infancia. Otra vez como cuando niña, me siento extraviada sin ti. Entonces, inscribo un garabato en mi nueva libreta. No hay palabras. Sólo el trazo de una nube que te guarda en la memoria. Te llamabas días en que fui feliz.

II

Una niña dibuja en un papel seres alados y un dragón, después dobla el papel hasta convertirlo en un barco que navega en el cauce imaginario. Invariablemente lo he mirado hundirse en la profundidad de una fuente. Ahí se daban cita los enamorados, porque de sus alrededores emergían las flechas húmedas y ardientes que cupido y el dragón arrojaban al viento. Cuando camino por el parque México, a mi memoria llega un barco de papel, la luminosa ausencia del amor. Sus fulgores.

III

Había una vez. Érase que se era. ¿Cómo empezar? Un día triste. Un día nublado. Un viernes melancólico. La ropa no se secará. La pijama. La toalla. Las sábanas. Un aroma a marihuana asciende, cruza la tarde fría. Desde mi azotea observo la esquina del futuro. Había una vez.

VIII

En el bosque en el lento desvanecimiento de la tarde, se dibujó un arcoíris. Súbito, apareció en mis labios un nombre y un conjuro: da tres vueltas alrededor de un lago iluminado por la Luna. Lanza una moneda de plata. Guarda una pata de conejo. Nada tengo, más que este bosque de pinos altos, riachuelos y patos silvestres. Nada tengo, más que esta lluvia que empapa mis labios secos.

XXVI

Ya no tengo prisa, los días, las horas van contigo. Caminamos por el paraje agreste del Espacio Escultórico. Había sufrido. Las Estaciones del Duelo en cada marco desolado. Entonces, tú me mostraste el árbol en el que todas las frutas tintinean. “Se separan de sus tallos y cuelgan independientes”. Ese fue el verso perfecto para comer moras de tu mano. Ya no tengo prisa, los días, las horas van contigo.

BIOGRAFÍA

Susana Bautista Cruz. Es originaria de la comunidad mazahua de Rioyos Buenavista, del municipio mexiquense de San Felipe del Progreso, México. Es poeta, docente y promotora de literatura en lenguas indígenas. Estudió Derecho y Letras Modernas en la UNAM. Cuenta con una especialidad de Derechos Humanos y una maestría en Derecho. Ha publicado cuento, poesía y ensayo jurídico. Rõma es el título de su primer poemario. Colabora desde 1993 en la Coordinación de Difusión Cultural, UNAM.  

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Julio César Hernández
Julio César Hernández
6 días hace

Hermosos!!

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