William Velásquez Vásquez – CIUDAD PARAÍSO

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CIUDAD PARAÍSO

(Elegía Glam Metal en Sol Mayor Fallido)

 

“Take me down to the Paradise City

where the grass is green and the girls are pretty.”

(Guns n’ Roses)

 

 

Rasgué un Sol Mayor y resurgieron

en tropel mi rebeldía,

la melena y el tatuaje que no tuve,

una banda que no logró articularse

o el beso que desde el aula me lanzó la chica rubia

pero sobre el pasillo se hizo polvo y huesos

sin alcanzarme.

 

“A veces las mujeres son tan frías” – cantaba Izzy

“¿Cómo ella puede verse tan bien?” – susurró Duff.

Yo sólo atiné a devolverle una mirada torpe;

pues en aquel tiempo, mis sentimientos constituían

un misterio para el mundo,

como los ojos de Slash bajo el sombrero de copa

y tras el ahumado cristal de sus Ray-Ban enormes.

 

Fallé un riff y volví a mis noches de colegio

cuando, con diccionario en mano,

traduje las canciones de los rockstars del momento.

Con Axl aprendí cierto léxico

que no estaba entre las páginas

de mi Pequeño Larousse verde.

 

Hoy podría gritárselo a mansalva al universo,

pero me he vuelto frágil al cabo de los años

y siento como si me golpeara un caballo muerto

si Rose atraviesa desnudo y encorvado

la pantalla del televisor; me ruega que no llore

mas yo no me contengo.

 

Ahora que noviembre dispara su aguacero,

uso mis ilusiones para crear un arpegio

que me devuelva a casa;

y acabar los proyectos aplastados por las ruinas

de un Sol Mayor que no brilló nunca

allá en mi lejana Ciudad Paraíso.

ELEGÍA GRUNGE

 

Le abruma el parecido

de los antidepresivos y las balas;

igual que el agua o el vodka

o la miseria y la fama.

 

Casi son lo mismo,

como aporrear la soledad

o una guitarra.

Comprimidos que se adentran

en el cuerpo

y lo descansan.

 

Cobain lo sabía,

aunque ya no le importaba.

 

Pudo servirse un trago de vodka,

un sorbo de agua.

Beber una píldora y esperar

la explosión de la euforia

y luego la calma.

 

Pero Kurt,

a secas y sin más dilaciones

prefirió la bala.

ESCUCHA LA SALMODIA DE AQUEL MIRLO QUE TE LLAMA.

 

 

“Blackbird singing in the death of night

take these broken wings and learn to fly”

(Paul McCartney)

 

A Wendy

 

 

Presta atención a la partitura de la noche.

 

De todas las teclas del cosmos se fragua una melodía,

escalas de pesadilla

sin clave de Sol para atar las horas.

atiende al vacío que regurgitan las sombras

y escucha la salmodia de aquel mirlo que te llama.

 

Pero mires de cerca su espectáculo umbrío,

te perderá por los trillos demarcados con una lágrima.

 

Yo vengo de vuelta de esos parajes insomnes;

de milagro estoy contándote

los infiernos que he visto.

 

Los surcos del pentagrama debí torcer para encontrarme

de vuelta en la claridad, y fue difícil el giro.

 

Es bella la entonación de la soledad;

¿por qué discutirlo?

parece un aria al portador, pero es una trampa;

un canto de sirena que descascara tu navío.

 

Presta atención a la memoria de tus huesos,

el crujir de su silencio

tendrá siempre algo que decirte.

 

Marca el compás de la canción que te llega de lejos,

y baila sobre tu propio eje;

no acudas a su hechizo.

 

Escucha la rapsodia de aquel mirlo que te canta,

pero

cuando diga tu nombre

mejor tápate los oídos.

UKELELE

 

El ukelele es una pulga que hace travesuras

entre la gran jauría de instrumentos de cuerda.

Frente a la opulencia del contrabajo,

el violonchelo y los violines,

su necedad saltarina saca de quicio a las partituras

y su facha hawaiana sonroja al hombre de la batuta.

Algunas noches solloza arrinconado en la sala;

extraña, tanto como yo, la brisa marina.

Lo cargo, masajeo sus diapasones,

le canto “Somewhere Over the Rainbow”

y él se duerme con un destello de paz en sus clavijas

si le prometo que uno de estos días

nos fugaremos hacia el caribe

y nunca regresaremos.

ANTI ROCKSTARS

 

Esto no es el Madison Square Garden

o el estadio de Wembley,

ni nosotros somos Rockstars,

hermano poeta.

 

No hay juegos pirotécnicos o pantallas gigantes.

Los reflectores no persiguen

nuestra danza frenética.

 

Sólo tenemos una mesita,

sendos vasos con agua,

y un micrófono mal amplificado

que nos turnamos por momentos.

 

El público no alcanza

ni la media centena;

sólo vienen a observarnos los más allegados,

la mayoría no entiende nuestro verbo;

otros llegaron porque el anuncio

prometía un refrigerio.

 

Es como si viéramos el “trailer”

de nuestro propio funeral:

aquí te das cuenta

de quienes te aprecian.

 

Esto no es Waken ni Lollapalooza,

hermano poeta.

 

No ansíes la ovación ni encendedores en alto;

mucho menos se te ocurra

lanzarte de espaldas sobre tu público.

 

Ellos no van a pasearte sobre sus manos,

no quieren un souvenir tuyo

para su cofrecito de tesoros.

Tampoco van a comprar tu libro.

 

Si levantas la vista mientras lees,

te frustrará constatar

que muchos se durmieron.

 

No somos Rockstars, hermano poeta,

nunca seremos un póster al costado

de la cama de las chicas que vinieron.

 

Nuestro editor nos transmite en vivo

porque no alcanza el presupuesto

para lanzar un DVD con la función en multi ángulos,

o un segundo tiraje de estas obras

que tanto nos consumieron.

 

No soy Frank Zappa ni tú Jim Morrison,

hermano poeta.

 

Nuestros textos inéditos,

o la pluma con que firmamos

jamás serán subastados

a precio de Caviar Almas

si nos revuelca la muerte.

 

Pero te incito a que leas,

como si cantaras en Las Ventas de Madrid,

en el Teatro de Bellas Artes,

o al menos en el Troubadour,

tras la estela de Don McLean,

de Bruce Springsteen o de John Lennon.

 

Lee, porque no hay más remedio

que fantasear con la hiel del éxito,

porque se vale alardear

que enfrentamos la hoja en blanco,

y que salimos airosos de ese duelo.

 

No somos Rockstars, hermano poeta;

no hay un rotulito de Sold Out

franqueando la entrada de este aposento.

 

No haremos gira mundial con nuestros libros;

incluso podría pasar

que nunca más publiquemos.

 

Lo más seguro es que nos ignoren

la pena, la gloria,

nuestros lectores, los caza talentos.

 

Así que sigue humilde,

encórvate sobre tu cuaderno,

traza toda la luz de tu palabra;

y haz un solo de eternidad con tus versos.

 

Ni tú ni yo somos Rockstars,

hermano, amigo:

Tan sólo somos m e n s a j e r o s.

BIOGRAFÍA

William Velásquez Vásquez. Turrialba, Costa Rica, 1977. Estudió Diseño Publicitario en la Universidad Autónoma de Centroamérica (UACA). Es miembro del equipo de gestión cultural de Turrialba Literaria. Cuentos y poemas de su autoría aparecen en las antologías Crónicas de lo Oculto (Editorial Club de Libros, C.R. 2016), Voces del Café (NYPP, 2018), Entra-Mar II (Sakura Ediciones, Colombia, 2019) y Le Parole Grondanti. Antologia della Nuova Poesia Centroamericana – Vol.II (Fermenti Editrice, Italia, 2021), así como en diversas páginas literarias. Colabora como redactor en la revista digital Glass Onion (Argentina). Ha publicado los poemarios “Los dictados del mar” (2018) y “Tocadiscos” (2020) bajo el sello editorial Nueva York Poetry Press.

 

 

 

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